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Enganchada con el Sparta: War of Empires

26 julio 2014

Hace mucho que no me dedicaba a los juegos en línea (ya saben lo adictivos que pueden llegar a ser), pero francamente me gustó este, y es que si estás familiarizado con los juegos de estrategia tipo Age of Empires, quizá te lleves un buen sabor de boca.

Desarolla rápido tus defensas para tener reservas ante un asedio

Desarolla rápido tus defensas para tener reservas ante un asedio

En Sparta: War of Empires eres Arconte de una ciudad estado griega (a la que tú le puedes poner nombre :)  )  y el mismo Leónidas te lleva por un tutorial (que realmente es muy parecido a AOE; desarrollar tus tecnologías, tu milicia, tu comercio. Por supuesto, tendrás  algunas misiones sencilas como espiar a tus vecinos, hacer redadas y asedios, así como porteger tus viñedos de incursiones de los persas

 

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Podrás tomar decisiones en tu Consejo de Guerra sobre incursiones y alianzas

Una cosa que me llamó la atención es que los amantes del género de películas de este tipo podrán recordar las armaduras (Troya, 300, Immortals, Gladiator, etc). Deberás tener unidades tanto de ataque como de defensa, podrás formar alianzas con tus amigos y también entrar en “Coaliciones”, es decir grupos de jugadores en todo el mundo, que podrán o no, firmar paz con otras coaliciones.

Si no te agregan en la coalición que solicitaste (muchas tienen requisitos, tener un cierto nivel) que solicitaste ingreso, puedes formar una propia, para luchar por “Panteones” (campañas conjuntas) Leer más…

Cesárea Indiscriminada

25 julio 2014

Hablando con una conocida, sobre el doctor que le practicó la cesárea a su hermana, que tuvo a  sus dos hijos por ese medio, pero el matasanos que le hizo la segunda, se la hizo cruzada; le dibujó el puto mapa del tesoro en la barriga, y tiene una horrenda cicatriz en forma de cruz en el vientre.

Independientemende de lo que yo pienso de la cesárea (que no es un parto formal, sino cirugía mayor*, es decir, no “das a luz” en el sentido estricto,  sino te extraen a tu hijo como a un lindo y hermoso tumor), salió a colación que fui la única que tuvo un parto vaginal. Yo estaba horrorizada, ¿porqué las mujeres dejan que los doctores tomen esas decisiones sobre su cuerpo?

Le dije a mi amiga- ¿y porqué te hicieron cesárea a ti? Se quedó muy sería, casi culpable: Ay… es que yo estaba muy chica… ¿Y…. a poco el ser muy joven es causal de cesárea? me pregunté yo… hasta donde sé, es que el chamaco venga atravesado, o tenga el cordón  enroscado en el cuello (e incluso entonces, hay opciones a la cesárea)… pero el ser muy joven, definitivamente NO es causa de cesárea) ¿Muy joven?, Pues cuántos años tenías? – Dieciocho :S índice

Mientras en los países de primer mundo la cesárea ha ido disminuyendo, tal pareciera que el tercer mundo es un caldo de cultuvo idóneo para las cesáreas; la tasa de embarazo adolescente crece desproporcionadamente, las niñas casi no tienen oportunidad de conocer su propio cuerpo y que éste está perfectamente capacitado para dar a luz bebés sanos; además por el dinero que ello les reporta a los médicos ya que no es lo mismo cobrar por un parto que por una cesárea, estos, aprovechando la ignorancia, les hacen un cocowash de “es lo mejor para tí y tu bebé, blablahblah, no vas a sufrir, blahblahblah, la recuperación es rápida, etc”

No sé qué les pasa ahora a las chavas, pero parece que las únicas que saben dar a luz ahora son las perras y las gatas (y lo hacen sin ayuda además) Esto también debiera tipificarse como una forma de abuso sexual, ¿no?

 

**La que hace referencia a los procedimientos quirúrgicos más complejos, con más riesgo, frecuentemente realizados bajoanestesia general o regional (anestesia epidural, lumbar oespinal) y asistencia respiratoria, comportando habitualmentecierto grado de riesgo para lavida del paciente o de grave discapacidad y en la que tanto lapreparación para la misma, excepto en la cirugía de emergencia, como su recuperación puede tomar varios días o semanas. Cualquier penetración de la cavidad corporal (cráneo, tórax, abdomen o extensas  cirugías de extremidades.) es considerada una Cirugía Mayor.

La Historia del Sillón

22 julio 2014

Fue como en el 98, ó 99, íbamos en el CCH de Vallejo, y éramos una banda de delincuentes juveniles de poca monta que atravesaban sus  mal encaminados dieciocho años, figurábamos Carlos Martínez alias El Rambo, quien se creía heredero de la raza aria de Hitler, pero que tuvo en su haber, haber pasado todos los semestres en extraordinarios,  Jorge Hernández,  el Anónimo,  Hazael Morán  El Gato,  Gerardo “Pato”, el wey al que nunca le conocí otro nombre que Elmo (alguien sabe como se llamaba?) Israel Vargas el “Shagadelic”, Ramferi “Rameri” y la más inocua de la banda, su segura servilleta.

El  Rambo nunca entraba a sus clases, se la vivía en los billares que están alrededor de metro La Raza y llegaba bien crudo a (algunas) clases, o de plano no llegaba, se volvía a embriagar  y luego pasaba en extraordinarios. No era pendejo, simplemente era  borracho, huevón y mujeriego.  Recuerdo que un día los dos pasamos con 10 un extraordinario de Historia.

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Pues ese día se habían ido de farra los muy crápulas (no me llevaron), se fueron al billar y a echarse unas cerbatanas, y ya iban de regreso al CCH cuando pasaron frente a una casa. Habían dejado afuera un sillón de esos como loveseat esquinadito, va el Rambo y se sienta. No estaba bonito, tenía estampado de abuelita, pero era perfectamente funcional.

-Vamos a llevarnoslo… (dijo alguien, el Shag o el Gato, los tratadistas no se ponen aún de acuerdo)

-Ah, no mames, qué tal que nos la hacen de tos…

-Meeh, ¿quién deja en la calle un sillón?- La lógica del Rambo era irrefutable.

Todos empezaron a discutir,  (pero no mucho) y al final todos estuvieron de acuerdo, pusieron las mochilas encima, hicieron turnos para cargarlo y todo. Y ahí van cargando por toda Avenida de los Cien Metros su pinche sillón, ante la mirada de la gente. Llegaron a la Central del Norte.

-Y ahora cómo nos pasamos?-

A lo que el Rambo, sin inmutarse, dijo, saboreando cada palabra

- Ni modo: Metro. 

Lo más difícil fue bajar las escaleras cargando el sillón. Cuando estuvieron frente al CCH dudaron; “que se pase el Gato”. Rodearon el CCH por la parte de atrás,  pusieron a tres weyes por dentro, dos por fuera, al Gato subido a la barda, y lo volaron por detrás, donte antes estaba baldío. El resultado fue que el sillón aplastó al Gato.

Lo escondieron cual tanque panzer, con ramas y hojas y la chingada. Hasta hicieron un tratado por quién debía cuidarlo y resguardarlo y todo.

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Un Regreso II

13 julio 2014

II

Volvió a pie a la aldea. Al andar, sus botas hacían crujir la nieve bajo su pisada, En ocasiones, se hundía hasta la rodilla. No eran aún las siete de la mañana, pero ya había pasado revista a sus soldados,  discutido con los peones el alimento de los caballos, vigilaba la construcción de dos atalayas, había despachado a sus espías en las aldeas vecinas, y se disponía a desayunar, nada del otro mundo, ya que, después de las incursiones de los Nordmen, los Hombres del Norte,  sólo subsistían a base de un caldo de col en salmuera, que con el tiempo sabía incluso bien, y todo el pescado que pudieran comer, cuando fue llamada a analizar la nueva estrategia.cf57930f1e26a3d0aac4f4651ee0cf69

No era nada extraordinario en su tierra de origen,  más allá del Río de Lobos, donde la herencia estaba determinada no por el sexo, sino por la primogeniatura. Sin embargo, las mujeres no estaban obligadas a casarse para ampliar el poderío familiar mediante alianzas, pero sí a defender sus tierras. Podían, incluso, si querían, seguir la carrera militar. Viviendo a la sombra de Ragnar, creció creyendo, con justa razón, que nunca sería coronada reina, que quizá, se le daría a defender un feudo lejano, quizá su hermano necesitaría de su ayuda un día, y quizá, si se destacaba, al frente de sus hombres, le concedieran el grado de Maestre de la Orden, que  tantas mujeres habían ocupado dignamente. O tal vez, se retiraría a gobernar alguna provincia, incluso se casaría y hasta tendría hijos, y gobernaría con su marido. Pero Ragnar llevaba diez años muerto, de una rara enfermedad, que le pegó alguna prostituta,  del piquete de un mosquito tropical, de un lancetazo mal atendido,  asesinado de una pedrada por sus propios hombres que llevaban diez años de incursiones militares, la versión siempre cambiaba, según el narrador, y la época, y ahora la corona era un sino posible.

Extrañaba a su hermano. Ya anciano el padre, él había sido, después de todo, quien le enseño a tensar el arco, a usar la guardia alta, a montar a caballo, a no rendirse jamás, y, aunque a veces él se propasaba con el uso de su fuerza, (la diferencia de edades era muy grande), la hermanita era su adoración.

-Mientras menos dolor me muestres a mí, menor la debilidad que mostrarás a tu adversario. Nunca muestres dolor-

Para ella, en cambio, era su primer gran amor:

-Cuando sea grande, me casaré contigo-

El hermano estallaba en carcajadas, No, vas a casarte con un gran señor, y gobernar y cuidar su feudo. Y un día, cuando esté necesitado, me cuidarás también, le dijo entonces. Recordó las últimas palabras que le diría en vida, Hermano, no me alejes de ti. Sintió sus ojos anegarse de lágrimas. El cielo también lloraba.

Desde lo alto de la aldehuela, se veían en lontananza, grises nubarrones sobre las montañas, desleídos y desgarrados por mil dedos. Debe estar nevando en las montañas, soplaba el Bóreas, mientras un suave rocío caía en su rostro. No le molestaba la lluvia; lavaba la sangre de los combates que  dirigió, sentía en el rostro su beso frío. La nana le había contado, que en los tiempos viejos, no caía agua del cielo, sino que Los Antiguos hacían surgir, por la mañana, una neblina húmeda que rociaba los campos, pero Los Antiguos se enojaron, por la maldad de los hombres, y decidieron hacer caer agua del cielo. La gente no lo creía, qué locura, caer agua del cielo, era tan raro como ver caer tizones encendidos, se quedaron a ver y murieron ahogados, pues llovió por mucho tiempo, y las montañas más altas quedaron cubiertas.

Zadkiel desplegó el mapa frente a ella, aún abstraída, mientras hacía unas mediciones. Acostumbrado a sus desvaríos, Zadkiel era el hombre que por veinte años había servido fielmente a su padre, y a su hermano mientras vivió. Era un hombre alto, de músculos correosos, en el otoño temprano de su vida. Las muchas batallas lo habían marcado, no solamente con cicatrices. Una gran amistad lo unía con el monarca, por haber participado juntos de varias batallas de reconquista, donde dio pruebas irrefutables de lealtad. Después, cuando el primogénito tuvo la idea de emprender la conquista de otros reinos,  Zadkiel fue el primero en intentar persuadirlo contra las Amazonas que ahí vivían, y de las que se decía, eran caníbales, pero también el primero en obedecerlo. Nunca lamentó un error, como haberlo dejado solo, para poder entregar al padre, la armadura de la reina, prueba irrefutable del sometimiento de ésta. Fue entonces cuando el heredero murió.

Ahora tenía, con Rihannon, la insospechada promesa de redimirse, de no ser, porque la fortuna es ciega, y experimentó en cambio una devoción que nunca había sentido por el padre y el hermano.

Y sin embargo estaba ahí, totalmente ajena a los pensamientos de que era objeto,  frente a él, atenta a las posiciones del mapa, estudiándolas con cuidado, dando dos sorbos a la cerveza de trigo, distraídamente cubriéndose con una blanca piel de oso.

-Los hombres de norte se han replegado a sus colinas, de donde no bajarán, si es que consiguen pasar la noche. Toda la guarnición está patrullando, y pronto terminarán las atalayas. No hace más falta nuestra presencia aquí.

-Hoy he visto bajar a tres norteños. Sus motivos no eran nada buenos.-

Zadkiel no era ajeno a las extravagancias de su señora.

- No podeís evitar todas las maldades que siempre acompañan a las guerras. Esto sucede en todas las guerras, princesa, siempre ha sucedido así. No estamos en las tierras de tu padre, donde las mujeres son un preciado don. Este es el norte, salvaje y agreste.

- Todas no, pero, sí las que está en mi mano evitar,-le interrumpió- No me llaméis princesa, pues hice un juramento como vos. Soy tan de la Hermandad, como lo sois vos.

-Ciertamente, pero algún día, mi señora, si el Tuerto es grande,  gobernaréis. Entretanto, vuestro padre os espera, con un regimiento, en la siguiente aldea, a donde debemos acudir, para cerrar, con una falange, y terminar con este conflicto. Esta gente tiene estos problemas todo el tiempo, que El  Tuerto los ayude.

-Pobres de ellos si Dios, el que sea, sólo se queda a mirar, como tantas veces. Ésa es la principal diferencia entre Dios y yo.-

Toda ella estaba temblando de indignación, sus mejillas se encendieron con un rojo violento, Zadkiel no supo si se sentía alarmado, o de súbito atraído por ese color,  pero ella, al caer en cuenta de su blasfemia, se apaciguó.

-Puesto que mi padre y vos ya lo habeís concertado, haced los arreglos pertinentes. Mañana partimos al alba.

Dicho esto, tomó un desayuno sencillo, y la determinación de escoger unos cuantos hombres con la intención de cazar. Llevaban algunos perros, los llamados Mahlemiut, unos perros  peludos, de ojos azul cristalino, pero más grandes que el lobo. Rihannon pero se hacía acompañar por  un halcón nevado que jamás perdía la presa, aún en la blancura más enceguecedora. En realidad, iba a estudiar las huellas de los hombres del norte. Cazaron un alce, de los que en la región eran raros. Al volver, el día langudecía tras las Montañas Azules.

No le cabía en la cabeza cómo podían darle un itinerario, sin antes haber asegurado la región, y garantizado, algunas seguridades a sus habitantes. ¿Para eso había hecho un viaje tan largo y fatigoso, pasado hambres, para defender a unos aldeanos  infefensos, en el fin del mundo, y después abandonarlos a su suerte? Había que hacer cosas, darles instrucción militar, enseñarles a forjar el hierro, empezar la cría de perros de guardia,  instaurar un gobierno provisional, mejorar los caminos… Nunca podría ser una buena reina, la vida no le alcanzaría, siempre a la sombra de Ragnar, el hijo favorito.

Pero cuando se fue a acostar, seguía pensando en la chiquilla pelirroja.

 

Inventando una Lengua Sintética

12 julio 2014

Cuando era pequeña, me parecía muy natural acudir al Kindergärten, al Jardín de Niños, (porque era un jardín, no? y había niños), sin fijarme en lo hermoso de la sinécdoque; “un lugar donde yo podría florecer”, me encantaba conocer nuevas palabras, pensarlas,  algunas juguetonas, como “libélula”, iba con el objeto que designaba, era algo “que subía y que bajaba”… como el lepidóptero. Niño se me hacía una palabra dificilísima para denotar algo muy sencillo, (y que nada tenía que ver con los niños como “infancia”, “infantil”, “pueril”, “párvulo”, pedagogía, etc).

Pero cuando me dijeron que iba a ir a la “escuela”, me asustó muchísimo. No porque me contaran historias terribles sobre la escuela, sino porque la primera vez que oí la palabra, el sonido se me hacía insólito, incongruente, terrible, en mi idioma. Qué palabra tan fea, no puede significar algo bonito, a quién se le habrá ocurrido, seguramente a alguien que detestaba ir a la escuela, yo le pondría, no sé “casa de muchos niños, “casa donde se aprende”. Hasta la fecha, Tepochcalli me parece más políticamente correcta.

No sería sino muchísimos años más tarde, cuando descubrí que venia del griego σχολή (skholḗ) el sonido que me parecía tan incongruente y horrísono. Para los griegos, en cambio, significaba “ocio”, porque el aprendizaje debía practicarse en el ocio, y además era un lujo de la clase pudiente (los agricultores no podían permitirselo). Y pude entonces,  congratularme, qué horrenda palabra, porque además, nadie diría que está de ocioso en la escuela, en cambio;  colegio me sonaba más apropiado (colegial, colega, colegiado, colegiatura, etc), y hasta “instituto” (“institutriz”, “instrucción”).

Escuchaba las palabras con atención, se me hacían bonitas, otras feas, pero todas atrayentes. Sabía que el café y el naranja, eran colores, pero también sabores, sin embargo el “amarillo” no me sabía a nada. Amarillo tenía que tener por fuerza, otro nombre, piña por ejemplo, “mi color favorito es el piña”, seguramente, debió ser una equivocación del que inventó el idioma. No sabía entonces que las lenguas eran un proceso democrático, y me parecía una arbitrariedad, por ejemplo decirle a uno “español” y a otro “inglés”. Debería ser “españolés”, no? Para que haga juego con francés. ¿y el italiano, cómo le llamarías?, me contestaban mis mayores. Y vaya aprietos que me ponían, pero luego entendí que así no funcionaba el idioma, que tenía muchas reglas, muy antiguas, y me decidí a conocerlas, con apasionamiento.

 

Crear un nuevo idioma, como una necesidad. No soy ajena a los esfuerzos de Tolkien por dotar a los elfos un lenguaje nuevo, diferente, o al esperanto de Lázaro Zamenhof, pero me gustaría una lengua sintética para llenar los huecos que mi propia lengua no alcanza a llenar. Sé que es mucha la pretensión, sobre todo en una lengua tan hermosa como el español, donde son posibles palabras tan hermosas, fonética y significativamente, como Lontananza, Ensimismamiento, Eufemismo, Ningunear, Ojalá, Condescender, Ecuánime, Seleúcidas o que permita la métrica y rima de la Sonatina de Darío.

Admiro mucho de idiomas ajenos, aunque no me gusta el inglés, (yo nunca diría que es uno de los idiomas más hermosos, así en ese idioma se haya escrito todo Shakespeare y Beowulf) aunque admiro su aparente ductilidad, su facilidad de hacer verbos onomatopéyicos (aunque muchos verbos ya existían, antes, en español), del alemán, sus palabras aglutinantes como Schadenfreude, los sonidos violentos del euskera, y desde luego… los sonidos del árabe y las palabras grecolatinas.

Me gustaría un idioma, que hable del amor no como algo que se puede tener, sino algo a lo que se  pueda aspirar, una especie de locura, del perdón no como algo que se “ofrece”, sino como algo que se pide, de las palabras que, insólitamente, no tiene el español (Hijo sin padres, es huérfano, padre sin hijos, eso no tiene nombre), o que no es lo suficientemente explicito ( cuñado designa tanto como al hermano del esposo, como al esposo de mi hermano (o hermana).

Inventar una nueva lengua, como un ejercicio razonado del proceso de comunicar.

Un Regreso

12 julio 2014

I

Era una mañana particularmente fría de invierno. El sol  perezoso esbozaba una ruta en la que nunca llegaba a estar en el cenit, apenas una tenue parábola en el horizonte antes de meterse. Había que levantarse muy temprano, encender un fuego con la madera seca, seguramente recogida el dia anterior, y poner un perol para cocinar y hacer todas las demás actividades, antes de que oscureciera, a eso de las cuatro de la tarde.

Así transcurrían los días, las semanas. Era la parte más septeptrional del continente, apenas separada por un  angosto canal de Finisterre, el continente de los hielos perpetuos. Pero nadie viajaba a Finisterre, porque nada podía crecer ahí,  Finisterre era el imperio del oso blanco y del leopardo marino, aunque decían los demasiado sabios o los demasiado viejos, Hay cosas peores; bean-nighes, y banshees; emisarios del otro mundo. Si uno caminaba por la ribera del río, en un día claro, se podía distinguir a simple vista la otra orilla, y en la noche, se veía a los Antiguos reunirse e incluso bailar en auroras rosadas y verdes, como dragones danzantes.

La aldehuela no tenía nada de extraordinario, familias de pescadores del salmón, algunos herreros (había hierro, metales) veinte o veinticinco casas arrinconadas junto al cuerpo de agua, lo más lejos posible del Bosque de Espíritus, hogar de wulvers, y fuegos fatuos.  Nadie querría vivir en esta tierra, excepto los hijos de Nemed. Estaban malditos por una Morrigna,  un demonio femenino, y nunca podrían tomar armas para defenderse. Eran un pueblo pacífico, a tal grado que cuando llegaron los caballeros del rey, tuvieron que levantar una empalizada y atalayas.

El verano anterior , los poblados aledaños hicieron a un lado sus diferencias y se habían levantado en armas contra los Nordmen, los hombres del Norte, con tanta energía y velocidad, que el imperio no respondió, o respondió muy tarde, y con una fuerza  desproporcionada. Los rebeldes, se habían dispersado en las cadenas montañosas, aunque sabían que estar a esas alturas, por la noche, y con la temperatura bajando muchos grados bajo el punto de congelación, significaba una muerte segura. El  rey tuvo un último acto de piedad, enviar a su hijo a patrullar la zona. Según una lógica senil, iluminada a su modo, no se perseguía a los rebeldes, pero al que volvía lo decapitaban.

Nadie había visto su cara, pues jamás se quitaba el yelmo. Aunque decían que estaba maldito, que el joven príncipe tenía algo de femenino, de satánico, por tanto, en su belleza. Que el primogénito, murió de una rara enfermedad en las Islas del Amanecer,  en la flor de la edad, poco después de conquistar el mundo conocido, sin poder emprender el viaje de regreso. Tenía 27 años. Que el joven príncipe, había enviado asesinos para liquidar a su hermano. Que lo había embrujado. Que tanta belleza no podía ser de este mundo. Que tanta belleza no podía proceder de los Dioses.

Lo cierto era que tenía unos cabellos rubios, del color del oro viejo,  rapados a la altura de la oreja, como era usanza entre la Orden, y unos ojos intensamente azules, como toda la familia real, con los que, decían, podía hechizar y fulminar.

La muchacha conocía todas esas leyendas. Sus cabellos rojos, ensortijados e hirsutos, se desbordaban en torrente de la capucha. También sabía que, los hombres bajaban a hora prima de las montañas, y, hambrientos y sin haber visto mujer por semanas, saqueaban y violaban a las campesinas, ante la mirada impotente de sus maridos e hijos,  para  volver a subir, antes de la salida del sol. Eso era lo que le preocupaba, pero el hambre de su familia apremiaba. Había  dejado la carne de unas ardillas famélicas a salar, y las pieles a estirarse. No bien dio veinte pasos cuando escuchó la nieve crujir bajo sus pies, sintió el mazazo sobre su cabeza, el sabor de su propia sangre.

Eran tres. Su agresor utilizó la misma maza, para rodear con ella el cuello de la chica y levantarla en vilo. Ella sintió que el aire le faltaba, que sus pies no tocaban el suelo, que desgarraban la falda de tela gruesa, que rompían el tenue abrigo y que unas manos brutales, callosas, pellizcaban sus pezones vírgenes, sonrosados. No tenía aún doce años, y lloró en silencio. El bárbaro más cercano, empezó a quitarse el cinturón, y ella olió el alientro a arenques pasados y a putrefacción que exhalaba su boca desdentada. Le dijo algo en una jerga incomprensible, y que no llegó a terminar, porque, para asombro, más de él que de ella, le salió la punta de una espada, entre  el costillar, y bajó hasta el ombligo, limpiamente. Él emitió un gritito, más de asombro que de dolor,  se quedó mirando cómo lo abrían como a un cerdo, antes de caer al piso. Detrás de él, un caballero con la espada ensangrentada.

El otro bárbaro, que no cabía en su estupor, tomó la gigantesca hacha y se lanzó, con un grito, sobre el impensado salvador. Éste ya lo esperaba con una guardia alta, haciendo tañir el acero de su espada, una gran bastarda, devolvió el ataque con un giro. Se escuchó un aullido, el hacha salió disparada, todavía con la mano cerrada en torno a ella. Por un instante, el bárbaro no sintió nada, hasta que la sangre empezó a manar del muñón, manchando el blanco tapiz de nieve. No vio cuando , con giro del mandoble, le cortó la cabeza. El cuerpo decapitado cayó arrodillado antes de tocar suelo.

El hombre de la maza, empujó a la niña antes de salir corriendo. No bien dio tres zancadas cuando un cuchillo se le fue a clavar, en medio del pulmón, con tanta puntería, que le faltó el aire. Arrodillado, se apoyó en el piso. El caballero caminó hacia él simplemente, le apoyó un pie en la espalda, recuperó el cuchillo y dejó fluir el torrente de su sangre.

-Creí que no era de caballeros asesinar por la espalda-dijo la niña pelirroja-

-Estos no eran hombres, eran perros, y como perros, los maté. No deberías estar aquí sola- masculló- Los peligros del bosque son muchos.

-No puedo evitarlo -contestó la chica- Morimos de hambre, señor.

-¿No puede alguien de tu casa, tu padre o algún hermano, ayudarte?-insistió

-Mi padre murió en la primera revuelta contra los Caballeros- dijo ella, se dió cuenta de su error, pero continuó- Mis hermanos, están en la montaña. Sólo quedamos las mujeres y los ñiños.

-Aprended a luchar entonces.

-No sé, soy  mujer-

El caballero se quitó el yelmo, lo arrojó a piso. Se bajó la cota de malla que le cerraba en el cuello. Era de una belleza subyugadora, la piel alabastrina, los ojos intensamente azules, el cabello del color de oro viejo, rapado a la usanza de la Orden, por encima de la oreja.

Pero la cabeza, qué incoherencia,  era una hermosa cabeza de mujer.

-Nunca me detuvo. No soy tu señor. -dijo, antes de recoger el yelmo y largarse de ahí.baf8c9fd64fe8ed5c61788d073e3e2da

Proceso Creativo

12 julio 2014

Estoy escribiendo un cuento. Es sobre una chica, una mujer caballero, concretamente, que es caóticamente buena, y (para quienes en algún momento haya jugado D&D, o algún otro juego de rol, sabrá que es una alineación, no exenta de problemas, de buen corazón, compasivos y gran espiritualidad; estos personajes no pueden concebir que se haga un mal menor, por un bien mucho mayor. Es el tipo de personajes de los cuales el paradigma es Superman; el eterno boy scout, incapaz de mentir.

 

Es cierto que la obra de R.R.Martin, en muchos sentidos, me provee de inspiración, pero es algo que quiero para mí misma; de repente tengo muchos proyectos literarios, (el otro es la fabricación de una lengua sintética).Tomemos, por ejemplo, el personaje de Cersei:

 

Una cosa que te sucede leyendo A Song of Ice and Fire, que no ocurre mientras ves Game of Thrones, es que entiendes y hasta comprendes las acciones (hasta las más viles) cometidas por personajes tan abiertamente detestados como Cersei.

No la justificas, claro, pero en un mundo (ficticio), donde los hombres, todos, desde Robert Baratheon, hasta Eddard Stark, tuvieron bastardos, y estos son, más o menos, aceptados por la sociedad,(y el signo más visible es que tienen incluso, derecho a un apellido que indica su noble cuna, Snow, Sand,  Stone, Rivers…) a diferencia de los bastardos cuya ascendencia noble es femenina, son abiertamente satanizados (nadie debe saber de ellos, se les cría a escondidas omitiendo su noble origen, la madre es castigada, se le retira el título nobiliario, se le condena al exilio, en el más benévolo de los casos, y si el bastardo era de un noble menor… el el peor, el castigo es la muerte)

Dejando de lado el asunto del incesto, de lo insufrible que es Joffrey, sigue siendo su hijo. Yo haría todo lo que estuviese en mis manos por asegurar su corona. Lo que no justifico, son sus métodos. Por eso el personaje de Cersei (como muchos otros) es fascinante; puedes detestarla incluso, pero está magníficamente esbozada; hermana gemela (los gemelos rara vez se casan, pues la naturaleza los dotó de un acompañante idóneo), casada por la fuerza con un hombre que aborrece, eterna enamorada de su hermano.

 

Volviendo a mi historia. Quise escribir un cuento diferente, donde la mujer no esté determinada por su sexo, que pudiera gobernar, decidir, incluso seguir la carrera militar. Algo más Éowyn que Cersei. Ya veremos a dónde me lleva.

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