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Mi brevísima carrera en el soberano y etselso arte del teiboldans

13 noviembre 2014

Como ya lo han platicado cantidad de muchachas medianamente sabrosas, yo nada más vengo a reafirmar lo que muchos ya conocen: mi efímero paso en el galano arte del tubo. Conmigo no hubo madre emputada e indignada poorrque “mi hija quiere ser puta“, ni marido dolido y ardido porque “elegí el camino fácil” (claro, es muy pinche fácil encuerarse todas las noches frente a un chinguero de desconocidos y mantener el temple y encima, al cabrón). Ya era una mujer empoderada y emancipada, y necesitaba dinero (¿hay otra razón?). Lo siento, no hay glamour en esta historia.

Tampoco fue la increíble y triste historia de la  cándida chavita que va con su solicitud por la chamba de recepcionista y le dicen que tiene que vender X bebidas por noche, topless. Yo ya rozaba la treintena y ps sabía a lo que iba.

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De modo que me rasuré las piernitas, las axilas, le dí una podadita al jardín dejando un poco de vello en forma de finísima mohicana arribita del pubis, me pinté las uñas (todas) agarré tres tangas negras, nuevecitas, tres cambios de ropa, mis zapatos de zorra, me puse mis mejores garritas (es decir, las más favorecedoras), me maquillé con cuidado y me salí a la calle.

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Sábado Distrito Federal

13 noviembre 2014

monumento-a-la-revolucion_6421011Estaba yo sentada el sábado, como a la una y media de la tarde, en el Monumento a la Revolución, esperando a no importa demasiado a quién, leyendo mi libro (como siempre), cuando se me acerca un muchachito, como de 20 años. En ese momento ya me habían interrumpido los weyes de Quítate los lentes que tienen una clínica allá en Alvaro Obregón, un tipo que insistió TANTO que me hiciera un tatuaje de henna (qué mariconadas), y una chava que se ofreció a trenzarme los tres pelos que no tengo rapados.

-¿Disculpa, te gustan los juegos de adivinanzas?
-Pues la verdad que no mucho- contesté ya algo mosqueada y sin saber a dónde iba este cabrón-¿A qué viene la pregunta?- (viendo para todos lados para ver si era una estafa)
-Ah pues, te quería ofrecer que si me adivinas esta adivinanza, te doy veinte pesos- (jajaja, uy qué tentador, pensé)
-Ajá, ¿ y si de alguna forma no adivino?
-Entonces me dejas darte un beso-

Solté la carcajada en sus narices.

-Piénsalo, son veinte pesos, te alcanzan perfecto para tu camión, para un dulce…
-Tienes razón, tengo que pensarlo muy bien, lo dije con toda la mala leche del mundo y mi mejor sonrisa. (regresando a mi libro)
-Está bien, treinta.
-No.
-Cuarenta. (y así llegamos hasta cien)
-¿Porqué crees que si sigues aumentando voy a decir que sí?
-¡¡Cien pesos es un montón de dinero por un beso!! -contestó escandalizado, como si yo hubiera sido la de la idea-
-Pues sí wey, pero ni aunque me dieras mil…

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Complejo de Edipo

13 noviembre 2014

-Eres muy flexible,-dijo él mientras me penetraba con un

Ayax y Casandra

Ayax y Casandra

entusiasmo casi violencia, con una ternura casi ferocidad, con unas fuerzas de adolescente o de energúmeno.

Se llamaba Sergio, lo conocí años atrás y me sorprendió su entera humanidad, la extensión de su cultura y el dominio de muchos temas y de sí mismo, la facilidad en que se movía, como una pantera, por el mundo, por la vida, por mi cuerpo. Me habló en lenguas de fuego árabes y africanas  (“Escóndete, Sol, que ha salido la luna”, “algún día voy a matar a alguien de tan bella”) pero lo sorprendente era la habilidad para que se le salieran naturales, casi involuntarios.

Tenía treinta años, dos más que yo, pero ahora, él de sus buenos treinta y cinco y yo con treinta y tres, decidimos que ya no teníamos edad de estar quedándonos con las ganas.

-Eres muy flexible- se relamió mientras mis rodillas, engarzadas en sus hombros, tocaban mis orejas y oía el compás, in crescendo, de mis pies rompiendo en sus brazos torneados.

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Deconstruyendo el Feminismo

26 octubre 2014

Hay un efecto muy curioso en televisión, quisiera saber si uds como frikis lo han notado;

En series televisivas (pero no únicamente*) es un recurso recurrente que un personaje femenino “utiliza” las leyes a su conveniencia, para chantajear o beneficiarse de uno o varios personajes masculinos, es decir, usa su “priviliege” del modo en que muchos hombres lo hacen, en la vida real.

Ejemplo reciente, la joven Catwoman de Gotham, amenaza con acusar de abuso sexual a un agente si no le deja ver a Jim Gordon. El agente finalmente “cede” ante la presión.

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Un ejemplo más es un personaje muy querido, Irene Adler, mujer francamente hermosa, pero cuyo rasgo más sobresaliente (para quien leyó los libros) es su formidable inteligencia, que en el canon holmesiano pone en aprietos (al menos dos veces) al detective de Baker St. En la versión de la BBC se cambia su profesión (cantante de ópera) por la de dominatriz.

Éste no es el problema; sino que Adler va de ser un personaje fuerte, resuelto, astuto, a alguien que tiene qué pedir ayuda a un personaje varonil (Moriarty); no se le permite ser brillante por ella misma, sino a través de, en la esgrima fálica Moriarty-Holmes.

Aún peor, a pesar de haber declarado ella al principio su “homosexualidad”, se muestran momentos de afecto y debilidad emocional (de ella hacia un frío y distante Sherlock), cuando en el libro es más bien AL REVÉS, (y Connan Doyle es muy claro en esto, él la llamaba casi con fervor “LA” mujer, a pesar de ser un misógino declarado), y quien al final es vencida cuando se descubre la clave; es alusión a su enamoramiento con Holmes, traicionada por sus “sentimientos de mujer”. Una antagonista formidable, personaje único, reducido a damsel in distress, a pesar de haber sido escrito hace un siglo.

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Lo peor es que he notado que, en ningún lugar como en las redes sociales, el machirulismo y páginas del tipo Feminazis, lo “usan” como argumento en “contra” del empoderamiento de la mujer: !No les den derechos, que estas histéricas lo van a usar para castrar al hombre! !Un hombre es inocente de la violación que hizo, hasta que se demuestre lo contrario! Que ella demuestre, de modo ineludible, que la violó !! De seguro ella lo inculpó, porque no era feliz etc etc etc…

Usar series televisivas como “dato duro”, como “porcentaje significativo”, como “caso de la vida real” es, a ojos vistas, de una inteligencia subnormal. Sin embargo, no lo parece tanto cuando, cual Juan Escutia, los hombres se descuelgan de él.

*El fenómeno se da en MUCHAS series televisivas, pero NO unicamente, sino en Anime, manga, cómics,  caricaturas, películas caseras o lanzadas a cine, libros, fanfictons, etc.

Críticas Destructivas

25 octubre 2014

He recibido críticas recientes por “insinuar, dar a entender” que el gobierno federal tiene responsabilidades en las muertes de Tamaulipas, Durango, y más recientemente Tlatlaya y Ayotzinapa. Que son asuntos delimitados por sus entidades y estados. Que culpar al Ejecutivo (que al final “no dio la orden” directa) es mucha presunción, vamos, que la idea y ejecución es de las los maleantes locales (narco, políticos y demás fauna nociva)

Lamento comunicarles que, cuando este tipo de cosas suceden en cualquier parte del país, peor, los tres niveles de gobierno fueron infltrados (sin importar el partido político), SÍ, ES RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO. Por más que quieran deslindar al ejecutivo.

Primero era lo de Solalinde; porque esta persona llegó al grado de insinuar  que YO  “deseaba que aparecieran muertos (en el tiempo en que era más que evidente que ya estaban muertos) con tal de tener la razón” (?) El asunto, creo yo, no es tener o no la razón.

Por favor, si el mismo Solalinde (que ya desde entonces tenía los mismos informantes que la PGR,y pudo cotejar las dos versiones (la de los sobrevivientes y la de los tiradores que tenían instrucción de echarles diesel y matarlos), si ya había aparecido el rostro descarnado de Julio César Mondragón, si los mismos policías ya habían declarado, si Abarca y la esposa se habían escondido y amparado… ¿qué chingadamadre estaban esperando? ¿REALMENTE había razones de peso para encontrarlos con vida?  La única razón para encontrarlos, era que no habían aparecido ni vivos ni muertos.

Claro, en mi fuero interno deseaba (quién no?) que estuvieran vivos, porque es el rasgo más claro de humanidad, pero en estas cuestiones la experiencia nos enseña que mientras más pasa el tiempo, las posibilidades se reducen. Es bonito creer en unicornios, sí, sería maravilloso que existieran, pero no hay motivos para pensar que son reales. Y mientras más escarbamos, se encuentran más fosas y (oh sorpresa) ninguna es de los normalistas. Tal parece que deberíamos pedirles a los responsables directos (Aguirre, Flores, Murillo Karam) que hagan memoria de dónde los enterraron, porque para el mismo juego cansino de “no sabemos dónde están”, a ver quien se aburre, miren que no estamos.

Pero en fin,  ante las mismas personas que, con los crímenes de estado como Ayotzinapa, no dicen nada, pero frente a los actos “vandálicos” (propiciados por el mismo gobierno de la impunidad), entonces sí, se olvidan de todas las condiciones que favorecieron ese caos y se apresuran en desgarrarse  las vestiduras, “si son vándalos, no tienen derecho a que los torturen, a que los maten como perros, a que los desaparezcan sin más”

Y ya, me desahogué.

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Calipigea

21 octubre 2014

De tantas cosas que me han llamado (culona, nalgona, “buen cabús”, ad infinitum), él tenía un nombre para llamarme: Calipigea, y yo,  que había leído aquella palabra en obras tan oscuras como para que cualquier otro coetáneo las conociera, y volteé, mitad sorprendida, mitad halagada, para mirarlo con mi sonrisa más feliz y un poco idiota; y fue tanta su originalidad y su desparpajo, que reímos ambos,  contenta de conocer esa palabra lo suficiente como para sentirme halagada, contenta de saber que él conocía esa palabra, y contenta de que él supiera que yo conozco esa palabra, desde entonces  nos unió esa feliz complicidad.x-art alt-porn porno sexy erostism photo arte mulher linda perfeita fotografia erotic beauty nature (48)

Y es que no nos enseñan a reaccionar cuando un hombre nos dice “Eres verdaderamente calipigea”, cuando dice que nuestras nalgas son tan divinas que recuerdan a las de Venus, como en cambio sí estamos acostumbradas al insulto grosero de “Con esas nalgas, lléname la boca de pedos”.

Le gustaba verme con el pantalón de pana entallado, con los leggins hipnóticos, con los shortcitos que dejaban ver los dos hoyuelos arribita. Le gustaba frotarse contra ellas hasta hacerme sentir su erección, su otro latido, el hervor de su sangre.

 

 

Me Cogí a un Virgen

21 octubre 2014

confused-girl-2O al menos eso dijo él, y le creí. Le creí porque dudó en tomar mis pechos entre sus manos, hasta que ahí se las puse y los palpó suavemente, casi con temor, le creí porque él no acababa de creérselo cuando abrí mis piernas como una orquídea carnívora en torno a sus caderas recortadas y las cerré como tenazas, atrayéndolo a mi centro, le creí cuando no acertaba a abrir el paquete del condón con manos sudorosas y dedos temblorosos, le creí porque no acertaba a ponérselo. Hace ya tantos años de eso.

Yo también lo era, aunque no tanto. Lo cierto es que él no era ningún menor de edad, tenía 18 años y yo 17 (la menor era yo), pero en todo caso no preguntó nada. Por supuesto  yo estaba tan o más aterrorizada (la excitación aún así, era  más que el miedo) que él, pero decidí no mostrarlo, cuando me lo metí en la boca; tenía un resabio salado, fuerte, acre como debe ser el humor masculino, y es que entonces yo no sabía que, igual que el caviar, es un gusto adquirido. Por supuesto que a él no le importó nada, respirando con la boca como estaba y bañado en su propio sudor, yo contemplando su éxtasis con delectación. Con dos dedos apreté la punta del preservativo como un pezón,  para sacarle el aire, con la otra lo jalé y se lo desenrrollé. Lo mismo que tocar un hierro encendido.

Si he de ser fiel a la verdad, la primera vez no acertó (a algo, en fin, tendré que ser fiel, porque ni a mi misma pude), pero casi nadie acierta esa primera vez, ambos mortalmente nerviosos, él en carne viva, una química innegable, fue hasta la segunda o tercera estocada, que embistió, y lo sentí, entonces sí, con tanta seguridad, ocupando mi espacio, abriéndome, llegando al fondo de todo placer, llenándome.

Me agradó “verlo” hace relativamente poco; vestido simplemente con jeans y una chamarra de motociclista, una barba de dos días (pero bien perfilada) que lo hacia ver descuidadamente guapo. Cuando le hablé, la voz le salió como un estertor nervioso, cuando lo toqué, tembló, cuando lo besé, supe que sería mío. Había estado trabajando en su cuerpo, pues a los treinta y cinco años tiene un cuerpo que ya quisieran muchos de 20; el pecho duro, el trapecio bien delineado, las nalgas firmes, el hueso de la cadera afilado,  su vientre tenso, y a pesar, de no tener aún marcados los famosos “cuadritos”, ps si se notaba el esfuerzo.

“Ah, pero querías chingar, ¿no? ¿No viniste a eso, cabrón, no viniste a chingar, puta madre?”, le gritaba yo minutos después,  mientras me empalaba en él con insania, con odio y total impiedad, para con él, para conmigo misma, mientras  él se debatía por aguantar el clímax, “sí, vine a joder”, viendo la imagen de mis nalgas devorándolo en un vórtice de placer, multiplicada por los espejos de la habitación a media luz, en todos los ángulos.

Acostados, desnudos, lejanos. Nunca fui consciente de cuánto terreno había perdido emocionalmente. Sabía que irme iba a ser doloroso para él, pero nunca pensé que sería más doloroso para mí. Soy tan virgen.

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