Me Cogi a un stalker


Me cogi a un stalker pero en mi defensa ni sabía que lo era hasta el momento que lo estaba descremando a base de lúbricos pepazos. Todo porque cuando sentí que se deslechaba lo insulte,  lo golpee “ya estás a gusto,  recabron ya, yaa, no querias coger, no viniste a coger??!! Si, lo estaba.

Según yo nos habíamos conocido el día que fui al merendero por una torta de pechuga y me la sirvió él,  pero según él me conoció MUCHO antes y esperaba el momento de acercarse.

La primera vez me vio bajar del camión con unos leggins azules (los de Wonder Woman,  duh) y” no pudo evitar grabarme” ME GRABO el muy jijo. Pero dice que de alguna manera yo “lo sentí”  y fingió hablar por telefono. Asi que el video fue de algunos segundos.

Pero pues tuvo con qué consolarse mientras. Creo.

#MiPrimerAcoso


(este contenido fue publicado en Facebook previo a la 24A)
Yo tenía  trece años, regresaba de la secundaria.  Como ya he comentado antes  fui una niña muy insegura y pasé  un período HORRIBLE en la secundaria  donde TODOS los días, TODOS,  me bulleaban en la escuela.

Regresaba, decía,  y justo ese día no estaban en el camión  los chicos que me acompañaban (los únicos que vivían lejos como yo). Una cuadra  antes  de llegar a mi casa me paré  para acercarme a la puerta cuando  sentí  UNOS DEDOS EN MI CULO. No lo podía  creer.  Todavía  dudé  y ya adivinaste  lo que hice?  Exacto, nada. No nos preparan  para confrontar el acoso,  no nos lo mencionan.
El terror era un veneno que me paralizó y subió desde la boca del estomago. Seguir leyendo

El Gym


El gym al que voy no tiene nada  de espectacular ni de glamoroso; es un gym como tantos, de barrio,  con los aparatos más  básicos  pero pocas o ninguna  actividad dirigida a mujeres (yoga, zumba, pole, etc.) aunque las aceptan en clases de box.

En pocas palabras, un gym dirigido a hombres,  sobre todo que compiten  pero donde también  aceptan a chicas, sobre  todo si ya pagaron seis meses con antelación  (como yo).

Lugares como éstos donde la población masculina no es absoluta pero donde la femenina está  en una proporción de una mujer por ocho o diez hombres. Me da cierta tranquilidad  ya que es de los pocos  lugares  donde los hombres  están demasiado  abstraídos en  la contemplación de sus propios cuerpos como para piropearte.

Pues hace cosa de un par  (más bien cuatro)de semanas lo vi; guapo, blanco, como de mi estatura.  Hermosos brazos bien trabajados. No supe de él  ni su nombre. Llamémosle, el Ben Affleck de pueblo, por su parecido con el actor.

El otro día  él  estaba ‘jalando’ en el aparato  de extensiones de pie, y yo en el de sentadillas, de modo que quedé  justo frente a él. 

En un momento  que él  me creyó  distraída,  se puso disimuladamente  a mirarme todo el culo (y yo a él  sus pinches brazotes) Creo que lo miraba con tal intensidad  que me buscó  con la mirada y nos encontramos.  Me quedé  mirándole fijamente, con la mejor expresión  de ‘Tons qué,  mi rey, ¿vas a querer?’,  pero él,  ay, estoicamente  volvió  a su aparato y a sus series.

Esta semana fui al gym a diferentes horarios y no lo he  topado. Creo que me consolaré con el Capi América  de barrio que no está  tan bien.

Espero no haberlo espantado con mi persistente mirada, ¡Ay!

El Catracho Lurias


La primera vez que vi al catracho lurias,  yo no lo sabía pero él llevaba meses buscándome, sin saber nada o casi nada de mí,  esperando, cazando  la ocasión de toparnos y hablarme derecho.

No es nada raro encontrarse catrachos por aquí,  ya sea trabajando,  o pidiendo dinero para el camino (por aquí pasa el tren y hay un albergue, muchos continúan hasta EEUU)
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Fijación Anal


David tenia un pedo muy cabrón con el ano.  Cuando lo conocí era un hombre maduro, en sus treinta y cinco bien rodados y con la calentura de un escuincle de veinte: Se le paraba nomás de verme. 

Era froteurista y adoraba embarrarme su plátano macho en las nalgas. Cogía con entusiasmo y en las posturas más locas. Le  gustaba que le metiera un dedo en el culo hasta encontrarle su punto de ebullición.  Comentaba sin faltas las fotos de Jenn Selter con comentarios como “Me comeria los bombones que caga con ese culo”, y yo, tonta de mí,  creí que era en un sentido totalmente figurado

Una vez, en horarios de oficina,  me roló un video.  Era una chica corriendo en un parque  publico que hace una pausa, espera que los demás corredores pasen,  se va por un instante a fingir sentarse en una banca,  se baja el pantalón y pum, tira de un esfinter dos tremendas cacas de burro. Con una cerecita de caca al final.

No supe qué hacer. Pero la siguiente vez me pidió,  a pesar de que sabe que no me gusta nada, el sexo anal.  Jamás le encontré chiste,  no es rico, no se siente bien, no, no,no,  no. Y créanme que no me han faltado experiencias. Ya me había complacido varias veces así que lo dejé que terminara.  Aunque no lo disfruté.

Pero la cosa no paro ahí,  sino que me mandaba más videos, esta vez de sacerdotes que follan con monjas a las que le sacaban buenos trozos de mierda.

Y sí,  la relación se fue al mismo lugar cuando me pidió que me cagara delante de él.

Alejandro Lengua de Taladro


Chicos, es hora de decirles la verdad; mientras hay chingos y chingos que muchachos que cogen medianamente bien, hay uno o dos que se comen todo el coño espectacularmente. Tres o cuatro rascándole mucho.  Al momento trato de recordar contándoles con las manos y me sobran dedos. No muchos, pero el número ya es un indicativo de por sí de cuán escasos son.

Tenia un nombre terriblemente común y corriente un don en extremo raro. Llamémosle Alejandro Lengua de Taladro.

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Mi primer experiencia lésbica


Dudé en llamar a este episodio de mi vida mi primer experiencia lésbica pues no es de sexo como tal.

En algún momento platiqué del Mamado Intelectual, un compañero de preparatoria a quien conocí en extracurriculares de guitarra clásica. Seguir leyendo

Revenge Porn


Estaba muy tranquila leyendo mis actualizaciones de redes cuando un amigo (de esos amigos que comparten un pasado de sexo jodidamente animal y salvaje) me pregunta si alguna vez había subido porno a alguna página. Seguir leyendo

Ride Aid


Dado que algunos de ustedes me han preguntado que sucedió con el guapo automovilista que se tomó muy en serio eso de darme un levantón, y efectivamente me dio un levantón,  pero de cartón de chelas, debo decir que no, no hubo una segunda vez, quizá porque para mí fue una aventura (no tenía por qué ser algo más para el, o porque comprendimos que la belleza de la aventura es precisamente eso) Seguir leyendo