Ficción


-¿Y cuánto cobras?
-Dos mil pesos
-¿cuál es el servicio?
-Trato de novios, besos, abrazos, un oral natural y las relaciones que aguantes en ese tiempo
-¿Al natural?
-No mames, con condón. NADIE te coge al natural.
-¿Me incluye un anal?
-No seas pendejo, nadie te incluye un anal, se cobra aparte, SIEMPRE. No conozco ni una chica “bien”  ni “limpia”, que te incluya un anal en el precio.
-¿Pero lo haces?
-Sí
-¿Cuánto? Sigue leyendo

Hombres en Calzones


david-gandy-elle-styleCreo haber comentado estar en un grupo de Eróticos Anónimos, y creo también que por el simple hecho de comentar esto estoy violando las reglas 1 y 2. En el grupo está cierto chavo,  para evitar el oprobio de subir una foto suya semidesnudo, subió una de traje,  bajo la premisa falsa de  “los hombres en traje son el equivalente de las mujeres en lencería”. Lo cual me parece una pendejada.

Lo que quiero comentar no es eso, (el equivalente es un hombre en calzones…o menos) sino el curioso fenómeno de que … !las mujeres del grupo le dan la razón! Quien más, quien menos pero, sí, básicamente un hombre trajeado  lo encuentran igual de sensual (?), a pesar de que a mí me parece una pendejada al nivel de “las mujeres NO disfrutan tanto el sexo/no se masturban/no ven porno”, “los hombres son más visuales y las mujeres más “mentales”. Y demás pendejadas a cual más rebuscada. Coincido que muchos se ven sensuales en traje…. !PERO NO MAMEN! Un hombre desnudo es hermoso.

Vamos, me gusta ver hombres bellos en traje, pero no al grado de provocarme un orgasmo

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Supersticiones


Estaba en la cama con un bello hombre, un buen amigo con quien compartíamos el afecto que nos tenemos, de maneras poco ortodoxas (yo tenía una relación, el también, ambos lo sabíamos, a ninguno le parecía impedimento para la amistad ni el sexo, ni para esas profundas demostraciones de cariño), de modo que seguimos follándonos alegremente. Muy europeo, el asunto.

Pero en fin, estábamos en el medio tiempo, cuando para que se relajara, le pedí que me contara de su relación; andaba con una chica judía, con un nombre tan judío como Michal Sieckewitz; (no es el nombre real,  se me acaba de ocurrir, pero bueno, tienen la idea), que parecía venir de una familia ultra ortodoxa, y aparte de los días de guardar, y los de la “impureza natural ” (jojojo) de la mujer, y de las veces que se veían, parecía que le quedaban pocas oportunidades para bailar el tango horizontal.

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Amarre


8dc33d6bb055b437d25e780451a657ecTe amarré
con magia africana
Consulté
con caracoles, si era propicio
(pues dicen que tengo axé)
Pero una deidad
reclamó para sí el trabajo.

Tomé
un muñeco del color de tu piel,
Por tu nombre
lo llamé;
Con cosas que dejaste,
en mi cama, en mi piel,
(saliva, uñas, cabello, la piel
que a arañazos te arranqué)
sudores,
el botón que salió disparado
en un momento de frenesí,
el semen
que vaciaste en mí
lo recogí con una esponja,
Con todo eso,
lo rellené.

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Trofeos


tumblr_mqgwi3G4nw1qlig1eo1_1280Este chico tenía una verga muy agradable, no de esas chicas tan chicas que ni cosquillas te hacen, pero tampoco de esas grandes tan grandes que son dolorosas y lastiman y cuya largura impide que haya ese frotamiento tan placentero de vientre con vientre durante el tango horizontal.

También tenía un sabor diferente, no demasiado acre, en ocasiones ligeramente a almendra, ligeramente especiado, y su cuerpo tenía todo el olor del mar; como dije, era una verga muy agradable.

No se confunda y vaya a pensarse que pienso en los hombres como si fueran meros penes; sólo quise referirme a este hombre en particular invirtiendo el todo por la parte; pues es en buena medida, una forma de referirme  a él y sus amores violentos.

Por eso la sexualidad es tan rica; por las permutaciones y variantes que ofrece. Aunque sé  que a los hombres les gustan las comparaciones por el tamaño; las mujeres los juzgamos por las gracias que pueda tener (el pene, no el hombre) encontramos otras debilidades; una manera de erectarse, de 90 o hasta 180 grados, una ligera inclinación a la derecha o izquierda, un engrose de las venas, una cierta curvatura que encuentro muy placentera,  la forma del glande, porque incluso puede darse el caso de que,  ignoren que son poseedores de una buena verga.

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Lo Que Me Zurra del Porno


Las líneas argumentales de
la damsel in distress
de “no tengo para pagar la pizza”,
“no sé hacer esto”,
“¿cómo nos podemos arreglar?”

Me zurra el rebote plástico
de las tetas firestone
duras como chongos de Pucca,
sin el grácil bamboleo y caída
de una ubre
naturalmente grande,
y las tetas
tan asquerosamente operadas
que bizquean penosamente.

Me zurran
los personajes masculinos
que quieren resolver todo
con la verga,
que creen que todo es intercambiable
por sexo
los que no se toman el tiempo
para seducir a la chica,
no hacen labor de convencimiento, no la maman como Dios manda,

No juegan con sus pezones erectos,

no la masturban

ni la besan.

Ella lo masturba
y se la chupa
cinco o seis veces,
antes del mete saca mete saca
boca, coño, culo
da igual
(oh, fuck me with yer big cock)
para acabar en sus tetas
o en su culo,
si bien le va.

Todo es mecánico,
repetitivo,
plano,
desesperante
sin lugar para la gente con parafilias
o enfermos mentales como yo,
que quieren genuinamente
sostener tu ñonga enhiesta,
entre las plantas de los pies,
verte con mis pantaletas
y mis zapatillas puestas,
mearte encima
o meterte un dedo en el culo
amor mío.

Catholic Girls


She was on her knees,
My little catholic girl

Frank Zappa

¿En qué chingados estaba pensando Zappa cuando escribió Catholic Girls?, nos preguntamos todos la primera vez que oímos la mentada cancioncilla. Y es que las chicas católicas, son un cliché en sí mismas en la Unión Americana, con sus falditas tableadas y aquellas calcetitas, recordarán los más fetish, de una moral parcial y dudosa, no las hace, en absoluto, menos sexy…

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Por otro lado, ese hermoso protolibro de ciencia ficción llamado la Biblia, que contiene en sí el germen de cualquier relato ficticio (la decadencia de la raza humana, superhombres viviendo entre la gente, apocalipsis, dioses encarnados, etcétera), se exhorta  muchas veces a la mujer (en el varón no hay manera), a llegar virgen al matrimonio. Aunque no hay una regla fija, el libro todo está lleno de este formulismo tácito, de que virginidad sólo hay una, la de la mujer, y que se reduce a una membrana (se omite el sexo por otros orificios, por considerarse una invitación a una ignominia aún peor que el sexo extramatrimonial).

Creo que la acepción más usada, es “sodomía”, lo cual resulta ambiguo, ya que muchas veces, se traduce libremente como “homosexualidad”. Como vemos, la moral cristiana toda es errónea y coja, pero como dice el adagio “Entre más coja, mejor”

Pero esta omisión ha llegado, efectivamente, a descartar el sexo no vaginal como un pecado. Al no abundar en detalles, la doble moral de la Biblia misma entra en galimatías… ¿cuándo se es realmente “virgen”, o mejor… ¿hasta cuándo se deja de serlo?

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Lo Sagrado y lo Profano


-Acaríciame.-le rogué- Como a un animal exótico y delicado.

Y él, sin acabar de creérselo, no atinaba a ponerme un dedo encima, con sus manos temblorosas, sus dedos sudados. Solo después de guiar sus manos sobre mi cuerpo, empezó, dudoso, a recorrer mis sinuosidades, muy suavemente, como si deslizara apenas una seda muy fina sobre mi piel, con un temor reverencial casi adoración.

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Y yo me puse a pensar qué es eso que ocurre en la mente de los hombres, cuando  la hembra deseada finalmente les dice Acaríciame, qué poder hay en esa palabra, capaz de hipnotizar y petrificar.

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La Mentira


Los dos éramos jóvenes, bellos, e incansables, pero en la prepa todo el mundo lo es. “Yo supe reconocerte entre la montonera, aun cuando todas eran jóvenes y hermosas”, me dijo. Me recitó a Benedetti, me bajó la luna y las estrellas, y cuando ya iba a contrataacar con el poema 20 de Neruda, le espeté: -Bueno, y ¿a qué horas me vas a fajar?

Fornicábamos con singular alegría, tres o cuatro veces al día, según se pudiera y se prestara un salón de clases abandonado, una calle solitaria, o la ausencia de los padres en casa de uno y otro, pretexto nunca faltaba para estar echando pasión. Fornicábamos como si fuera la primera vez, como si no hubiera mañana.

El reciente descubrimiento del propio cuerpo, el del otro, era una obviedad tan natural que nos asombrábamos de no haber descubierto antes nuestra sexualidad y queríamos repetir el milagro cuantas veces se pudiera, ni así acabábamos de creer en ello.

La primera vez, en su trabajo, ya pasado el horario de oficina,  le dí unos torpes besos en la oscuridad absoluta, no dijo nada, sino que  volteó, empezó a quitarles tranquilamente la carcasa a las computadoras y a apilarlas una sobre otra contra la puerta de cristal, que era el único recurso de algún voyeurista (suponiendo que paseara a esas deshoras de la noche). Entonces supe que sería mío.

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