Kitsch


Estaba yo en cuatro en la cama, esperando que Adrián terminara de coger, (ay, cómo se tarda este cabrón), ¿te gusta, perrita, te gusta esto? Uy sí, ay, qué rico, sisisi, dije yo mientras me miraba las manos: me URRRGE un manicure cañón, mientras aquel terminaba de vaciarse. Le gustaba descremarse afuera, para poder ver el espectáculo de mis nalgas morenas glaseadas en su leche espesa.

-¿Te gustó?

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Lo que Cashamos las Clixeras


Estaba la tarde de un viernes, arreglando las cosas que me iba a llevar ese mismo sábado al RS. Tomé un par de fotos y las subí a una red social para informar de lo que llevaría. Había dos figuras de Wonder Woman, las cuales me dijo un informante que el precio de una era de 30  y de la otra 40, y que no debía venderlas por menos de eso, bajo ningún concepto. Como a la media hora, un tipo me pide que se las dejara ambas  en 60. Yo de plano ni le respondí nada, me salí de mis redes, el sábado, me bañé y me fui corriendo sin revisarlas.

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Las Feministas y Satanás


Iba Satanás en una marcha de feministas. Entonces pasó un provido y gritó:
-Miren, las feministas son consortes y secuaces de Satanás !!

Y Satanás le contesta
-A ver, estas mujeres no son sirvientas de nadie, yo estoy aquí por mi propio gusto…

Biblia Feminista 3:16

Ficción


-¿Y cuánto cobras?
-Dos mil pesos
-¿cuál es el servicio?
-Trato de novios, besos, abrazos, un oral natural y las relaciones que aguantes en ese tiempo
-¿Al natural?
-No mames, con condón. NADIE te coge al natural.
-¿Me incluye un anal?
-No seas pendejo, nadie te incluye un anal, se cobra aparte, SIEMPRE. No conozco ni una chica “bien”  ni “limpia”, que te incluya un anal en el precio.
-¿Pero lo haces?
-Sí
-¿Cuánto? Seguir leyendo

Cuidado Con la Feminazi


Con amor para todo el aquelarre: Ada Zárate, Araceli Strudel, Carmilla de Karstein, Hatsumoto Nitta, Karina Almaraz, Gabriela Alegría.

Y también para Emily García Reyes, porque, aunque sus cromosomas dijeron lo contrario, ella es tan mujer como la que más.

Hace unos días un wey X (no sé para qué fregados) me etiquetó en el cuentito del wey al que “una feminista le escaldó la mano” al salir de un evento, y todavía me pregunta que “qué opinaba”.

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la supuesta imagen difamatoria

Yo (que le pude perfectamente haber dicho 1. Qué tiene eso que ver con el feminismo, 2. Si conoce a la mentada feminista, o 3. que si tiene fuentes para constatar la info… para volver a contestar él mismo que el feminismo es “hipócrita”, que” sólo defiende la violencia a la mujer”, que “calla” cuando la violencia es hacia un hombre, y demás sandeces,  como muchos hacen) me limité a contestarle que las mujeres vivimos violencia sexual desde niñas, diaria y cotidiana, pero eso está lejos de ser noticia, porque está normalizado, porque lo que impacta, lo que vende, es que “una feminista le escaldó la mano a Fulano”, y eso se llama: doble moral.

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Limerencia


Tenía esta suerte de… limerencia con este joven en particular. Tanto, que llegué a asustarme. Tenía algo en sus genes que me gustaría pasarlos a la siguente generación, una estatura considerable, unos ojos tiernos de niño… O no sé, quizá lo veía con los ojos del amor.

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Honestidad Brutal


Estaba ahí, sentada al lado del hombre  alrededor del cual, hubo un tiempo en que giró mi universo, apretujados en la combi que recorría las calles chipotudas de Mordor, Estado de México. Estaba ahí, sentado, quejandose de las malas relaciones con mi madre (creo que sólo mi padre tiene, a veces, buenas relaciones con mi madre, siempre y cuando no haya un tercer elemento), y yo ahí, oyendo con cierto placer los rancios problemas de los que me distancié a tiempo, no tan a tiempo como me hubiera gustado, pero aún era menor de edad.

Llegando a los primeros indicios de civilización, es decir, saliendo del metro Indios Verdes, me preguntó si quería caminar con él. Le pregunté qué tenía en mente:

-Pasear,  comer juntos y después meterte la verga. Si tú quieres.

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Dulce como el primer beso… del Sancho


Leyendo la columna de Pedro Miguel en la Jornada, sobre cómo socialmente es percibido como aceptable lo que aquí en México llamamos “El Sancho” (es decir, el amante de la mujer casada), y lo negativo que es cuando la infiel es mujer; y pude notar el efecto de primerísima mano; me fuí al mercado que se pone los lunes acá en el centro urbano de Izcalli, y los fruteros (que en ningún momento me dejaron de ver las nalgas), me ofrecían de su mercancía:

-“Mire noooomás, !chulada!, “qué buenos melones”, “qué delicia”, etc.

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y yo, que pus tenía que comprar, pedía un kilo de esto y otro de aquello y dos de lo de más allá, y ellos me daban de todo, y yo más me ponía a tragar:

-Ire nomás, unas fresas para que le haga un licuado al marido …¿o al novio?
-Lleve unas naranjas para el jugo del patrón!
-Mire, chulada, melón dulce como el primer beso…

-… pero del Sancho!– Comenté yo muerta de risa…..

Pero ellos no se rieron. Se limitaron a verme con cara de “írala, tan buenota y tan cínica la móndriga, ingrata pérjidaa” Uno de ellos se acercó y me preguntó – Ay a poco usté tiene sancho?

-Ay ps a poco no?- Contesté yo, pagando y dejándolos con su cara, ahí a media plaza.

Espíritu Sancho


A propósito del artículo que publiqué antes “Cuida con quien compartes tu energía sexual”, me topé con esta maravilla de Pedro Miguel, donde aparte descubrí, oh, belleza de  vocablo, una de esas perlas bellísimas, intraducibles al inglés que ustedes saben que colecciono: la joya pues, es : Mancornadora.

Luego, soy una mancornadora, ingrata, pérjida y casquivana. Si no la han leido, corran a hacerlo. Me quedo con este fragmento.

Y creo que cortaré toda la pagina y la pondré en un rotafolios. O un cuadro.

“Vistas así las cosas, miren ustedes qué paradoja, va resultando que si la mujer que le pone cuernos al marido merece ser llamada puta, el hombre que le ayuda a hacerlo tiene más bien una relación (así sea semántica) con la santidad. O sea que el lenguaje y la historia tienen sus trampas y no hay que descartar que esto venga de muy atrás. Puede ser que todo haya empezado cuando aquel tipo se disfrazó de paloma, aprovechó de la ausencia de un carpintero para yacer con la esposa de éste, (episodio en el que, para mayor agravio, la mujer quedó fecundada) y es conocido urbi et orbi y por los siglos de los siglos como El Espíritu Sancho”

http://www.jornada.unam.mx/2015/04/23/opinion/040o1soc