Tatuajes por Hora o a Destajo

El día que me fui a hacer el retoque de tintas del tatuaje, mi amigo tenía una cruda memorable; había tatuado a una mujer frondosa en una sesión muy larga, que lo hizo tomar mucho, y que,  llegado el momento,   no quiso pagar, pero ofreció cogérselo:

-Pues vas a tener que venir a hacerme varios abonos, porque es un tatuaje muy grande-

Y quieras que no, vóytelas. “Yo no quería coger, y necesitaba el dinero para tintas y agujas” Se lamentaba mi amigo. “Yo no sé, jamás les he entendido y menos creído, cuando ustedes dicen que no querían darse a tal o cual morra que les dio entrada, pero siempre terminan dándosela de todos modos, se les antoje o no la morra. Yo no sé si es por mi biología, pero si un vato no me gusta simplemente no me abro, aunque me mentalice, no, no puedo” “Es que el cuerpo del hombre siempre se levanta, ¡PUM! es algo automático, “no lo controlo”, me manexplicó mi amigo, pero no estoy segura de creerle que sea algo biológico como algo aprendido socialmente… “¿o qué, eres puto? Vas, date a esa morra”.

Pero ya estaba terminando de rellenar los contornos, y le pagué de chingadazo, y sin regatear, porque mi amigo no me late ni tantito y no quiero ir a dejarle abonos cada semana.

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