Ocio

Mi madre, una psicóloga que está en un programa de Cuentacuentos que van a colegios, internados, cárceles, asilos, hogares, etc. Quiso la buena suerte que encontrara un internado de religiosas para niñas de escasos recursos allá por Chalco (que es una zona azotada por el feminicidio).

Había cerca de dos mil niñas, en edades de asistir a secundaria. Las “hermanas” les enseñaban oficios, corte y confección, cocina, etcétera. Las mayores confeccionan los uniformes de las de nuevo ingreso, y todas ayudan en los deberes cotidianos. Pero aparte de los dogmas religiosos con que (me imagino) los religiosos educan, y … ¿cómo dicen? “en el temor de Dios”, las religiosas compartían otro dogma, muy popular en las escuelas laicas y públicas a que acudí; el que para aprender debes repetir, mecanizar, y volver a repetir como perico; si te estás divirtiendo entonces NO estás aprendiendo.

Tenían una excelente biblioteca, a pesar de que casi no les dejaban leer los libros. Una monja le explicó orgullosa a mi madre porqué no las dejaban visitar la biblioteca frecuentemente:

-No nos gusta que estén “ociosas”.

Porque el ocio es la madre de todos los vicios, del aprendizaje, jamás.

 

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