Sin Lugar Para Los Débiles

Iba caminando esta mañana al mercado, a comprar un par de cosas, y en la esquina, ví un bulto de tela, me pareció rarísimo. Poniendo más atención me fijé que era una anciana diminuta, encogida hasta su mínima expresión, pidiendo limosna en su cartón.

Hay muchas cosas en la vida que me ocasionan depresión, mucha, mucha depresión y ésta, ver niños y ancianos con una pobreza tan violenta, es una de ésas. Rápido hice mis compras, y al volver pasé por un puesto de jugos y cocteles de frutas y pensé, que podría comer si no tuviera dientes para masticar. Al final compré unas fresas con crema, porque pensé que la grasa tendría calorías y la granola que le ponen encima, y con el vaso lleno fui a llevárselo con la anciana que apenas atinó a poner las manos en el vaso, mientras le daba un dinerillo en su cajita de las limosnas.

Y no estoy comentando esto para que digan “ay, qué buena eres, etcétera”, es que no entiendo cómo hemos llegado a esta sociedad donde no cabe la sensibilidad, sin lugar para los débiles

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