Fijación Anal

David tenia un pedo muy cabrón con el ano.  Cuando lo conocí era un hombre maduro, en sus treinta y cinco bien rodados y con la calentura de un escuincle de veinte: Se le paraba nomás de verme. 

Era froteurista y adoraba embarrarme su plátano macho en las nalgas. Cogía con entusiasmo y en las posturas más locas. Le  gustaba que le metiera un dedo en el culo hasta encontrarle su punto de ebullición.  Comentaba sin faltas las fotos de Jenn Selter con comentarios como “Me comeria los bombones que caga con ese culo”, y yo, tonta de mí,  creí que era en un sentido totalmente figurado

Una vez, en horarios de oficina,  me roló un video.  Era una chica corriendo en un parque  publico que hace una pausa, espera que los demás corredores pasen,  se va por un instante a fingir sentarse en una banca,  se baja el pantalón y pum, tira de un esfinter dos tremendas cacas de burro. Con una cerecita de caca al final.

No supe qué hacer. Pero la siguiente vez me pidió,  a pesar de que sabe que no me gusta nada, el sexo anal.  Jamás le encontré chiste,  no es rico, no se siente bien, no, no,no,  no. Y créanme que no me han faltado experiencias. Ya me había complacido varias veces así que lo dejé que terminara.  Aunque no lo disfruté.

Pero la cosa no paro ahí,  sino que me mandaba más videos, esta vez de sacerdotes que follan con monjas a las que le sacaban buenos trozos de mierda.

Y sí,  la relación se fue al mismo lugar cuando me pidió que me cagara delante de él.

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