Alejandro Lengua de Taladro

Chicos, es hora de decirles la verdad; mientras hay chingos y chingos que muchachos que cogen medianamente bien, hay uno o dos que se comen todo el coño espectacularmente. Tres o cuatro rascándole mucho.  Al momento trato de recordar contándoles con las manos y me sobran dedos. No muchos, pero el número ya es un indicativo de por sí de cuán escasos son.

Tenia un nombre terriblemente común y corriente un don en extremo raro. Llamémosle Alejandro Lengua de Taladro.

Alejandro Lengua de Taladro era uno de estos chicos, y digo era porque fue una llamarada de petate. Iba yo cruzando Madero que es la calle más transitada de México, y muy solícito me acompañó a buscar un par de libros, y luego a almorzar,  y luego a la cama.

Estaba yo despanochándome sobre su verga enhiesta para hacer que se viniera por quinta vez, y el mirando  anonadado, (y efectivamente sus gestos anunciaban que la crisis estaba muy próxima)  y sentí,  muy clara esta vez, el latigueo de su miembro. 

Este cabrón, háganme el chingado favor, no sólo tenía un seminario en danoninos, sino que  pocas veces me había topado con un hombre (y mayores que él)  capaces de hacerme reventar con su lengua,  y es que de verdad tenía una fascinación por la forma en que me comía todo el poto. Nomás de acordarme me siento húmeda; me metía toda la lengua,  me frotaba con ella el clitoris y me dejaba con las piernas  temblando y el culo chorreado,  todavía en el viaje, mirando hacia el infinito y más allá .  Ahs, y es que un hombre que la mama bien rico nunca está de más.

Y eso que los comedores de coños no son especialmente atractivos, aunque no son feos. No quiero decir con esto que no existan mamadores guapos,  sino que,  quizá, precisamente  por saber los comedores de coños, que no tienen un cuerpo en extremo atlético,  o un rostro del todo armónico de modelo Trivago,  pues… Se pulen en otro sentido, buscan… La perpetuidad de su rara y valorada especie. 

Y de qué manera.

¡ Hombres guapos,  temblad,  temblad mucho de miedo, que tiemblen, les digo! Porque el día que se den cuenta lo mucho que han perdido en el gimnasio en lugar de comer danoninos sin cuchara,  quizá sea el mismísimo día de su extinción.

Coméntale, es gratis

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s