Cógete a un hombre mayor

Porque sí,  porque te lo mereces.  No te digo que te cierres a hombres de tu edad o más jóvenes, pero date la oportunidad (al menos una vez en la vida) de concederte un hombre mayor.

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Y cuando digo mayor es que te lleve de quince a veinte años (o más,  si así lo quieres) de diferencia. Los hombres de cierta edad tienen un encanto muy específico que los de tu edad o más jóvenes no;

tienen una cierta estabilidad económica,  (y no porque seas interesada, sino porque no escatimará en detalles ni saldrá con paparruchas al momento de “¿dividimos la cuenta? Es que no he cobrado”)muchos de ellos tienen un don de gentes, un savoir faîre, un conocimiento más que simplemente elemental y bastante decente,  del ajedrez del amor.

Y pueden incluso,  darte una sorpresa o dos en la cama, sobre todo si han alcanzado un nivel de erudición en torno a los manuales tácticos de las lides amatorias.

La primer ventaja que tienen sobre los chiquillos en sus treintas, es que disciernen entre el comportamiento social y la caballerosidad. Te abrirán la puerta,  te acercarán la silla. Y saben que hacen todo eso no para que te sientas impedida,  sino halagada. ¿A quien no le gusta sentir eso? Solo alguien con quien no han sido en la vida cortes, se ofendería, injustificadamente,  pienso yo.

En segundo lugar este hombre ha tenido tiempo para cultivarse. Ha leído a Nietzsche, a Sartre,  a Freud y son capaces de re significarlos por la vida que han tenido y de llevar a cabo una conversación erudita,  que realmente rete tu inteligencia. 

Pero quizás la verdadera revelación se dé en el tálamo.  Un viejo lobo se tomará su tiempo para seducirte y hacerte sentir bien porque ha comprendido ese sencillo placer que es sentir el goce del otro,  quizá incluso tratará de dejarte satisfecha unas,  digamos, cinco veces antes de culminar el propio placer. Un viejo lobo que comprende que una buena cogida va mucho más de la penetracion,  que sabe que el más craso error de la interpretación de la sexualidad femenina es entenderla (blasfemia!)  como el reverso del goce masculino,  esto es, ser penetrada. 

El hombre de cierta edad ha descubierto que tienes más de un clítoris  y se dará a la tarea de encontrarlos, se detendrá en cuanto los encuentre,  pero estará muy atento a tus reacciones. Se toma muy a pecho que tu cuerpo es un templo,  y el el más devoto de los creyentes.

O por lo menos eso sucedió cuando me despanochaba a mí misma, ensartada en mi montura,  “mujer, con razón asustas a los de tu edad”,  y yo a él,  “cállate,  viejo indecente “, y creí sentir un ligero vigor en su erección, mientras me decía,  extasiado “chamaca cabrona” El me llamaba a mí, Lolita,  y yo a él,  Humbert Humbert,  incluso me dijo, “te narraré,Lolita”  Qué tierno de su parte decirlo, y de mí de creerselo.

Fue tanto el mutuo estupor,  el mutuo asombro,  que me sentía yo muy docta por haberme hecho la confesión él,  muy dulce, de nunca haber pagado por  caricias y que no pensaba empezar.  Eso sí que no, soy una puta profesional y no acepto limosnas, pensé muerta de risa.

Que ingenua, como iba a saber yo que, al terminar iba a ser yo la que se sintió virgen de varias maneras.

Un tipo nos vio salir,  radiantes, felices, sonrientes del sórdido lugar, de la mano, ambos felices y con el cabello igualmente mojado y debió reparar en la incongruente pareja que hacíamos,  porque mi compañero le espetó :

-Sí, venimos de coger, sí,  la señorita es un bizcocho.

Y entonces el fisgón apretó el paso, y nos perdimos,  en el mar que es la caótica ciudad.

 

 

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