Desperté soñando con un hombre en el que no pensaba hace quince años

Y fue todo así, hermoso, agradable,  con un calor y un peso muy específico dentro.

Se llamaba ( o se llama) Juan Carlos Peralta Pérez.  El apellido de su padre era, creo Chirino. No habíamos pasado los dos primeros semestres juntos, pero al escoger materias optativas en común nos vimos bastante seguido, aunque no tanto ni en las condiciones que yo hubiera querido.

Entré en un salón donde nadie me conocía,  pero ellos parecían conocerse bien. Mis ojos se detuvieron en él,  pero no hubo chispa, ni incendio,  porque lo apagué de inmediato,  no fueran estas emociones mías a delatarme, traicioneras, como siempre.

Empecé a hablarle a dos chicas, tan solitarias como yo, una llamada Ester, que posteriormente fue conocida como “La Chinos ” por su ensortijadísima melena, y otra, de la cual, ay! no puedo decir su nombre, ya se verá porqué,  pero llamemosla Jennifer.

Ester se hablaba muy bien con él,  o por lo menos,  le hablaba,  y todo empezó como siempre empieza,  de modo muy casual, hablando de las tareas y los trabajos. De inmediato me di cuenta que Ester estaba locamente enamorada de él.  También le gustaba a Jen lo cual no era de extrañar en un joven guapo, hermoso y cero mamón.  La verdad no había motivos para pensar que no estuviera rodeado de admiradoras. En una ocasión  se le cayeron unas fotos a la Chinos, de una clase donde YO NO ASISITIA, pero que el tenía en común con el , creo Ciencias de la Salud.
Entre esas fotos se deslizó una donde estaba El,  sin notar que le tomaron la foto porque hacia un encantador mohin con la cara. Estuve a punto de robarmela. Así lo hubiera hecho y hoy tendría al menos una foto de el pa hacerle brujería con palo mayombe o para recordarlo simplemente con algo más que la memoria que me juega malas pasadas y me hace verlo doquiera que voy. Según Ester eran para una exposición y estaba pegándolas todas en una libreta. Yo ya era feliz,  Carlos me hablaba Yey!  Y quizá hasta yo le Gustara un poquito. Quizá.

Hubo una lección de Taller de Textos donde teníamos que escribir en una hoja blanca, la historia más fuerte o atemorizante que nos haya pasado en la vida, sin firmar y sin autor,  doblarla y meterla en una bolsa,  sacar una, revisar que no fue la que acabamos de meter y leerla en clase y comentarla.

Lo único que se me ocurrió fue escribir lo más fuerte que me paso hasta ese entonces.  Es decir, la pendejada de decirles a mis padres,  que era sexualmente activa, creyendo inocentemente, que eso nos uniría más. Pendejada porque,  no sólo fue el inicio de una larga cadena de problemas cuyas consecuencias aun vivo, sino que lo siguiente fue un feroz interrogatorio de la Gestapo, ¿porque no dices esto, estas embarazada,  tienes Sida? No, no estoy embarazada ni tengo SIDA, nomas quería decirles, fin. Pero ya nunca nada fue igual. Sin mencionar que fuimos a la casa de los padres de el a hablar del tema (que vergüenza).

En fin.  Carlos metió la mano, sacó una carta,  y qué cosa era leer con su voz mi propio incípit. No se cómo no salí corriendo.

La clase finalizó sin novedad, Carlos se juntaba con nosotras en los intermedios pero no demasiado, iba a prácticas de fútbol.  Moría de ganas de saber si tenía novia, o algo así dejó entrever en algún comentario, así que desistí.  Un día llegó a clase de algo con una camiseta empapada de sudor.  Aspire con ganas,  me gustaba su olor,  olor a hombre. Lo imaginé encima de mí oliendo así, me recorrió electricidad,  el me despertó
-Que te sucede?
-Necesitas un baño.  Nos reímos.

Poco después,  antes que acabara el semestre supe que los colegas de Carlos (Un grupito de mamones machos) estuvieron atando cabos y concluyeron que la historia sexos era mía. Mandaron a alguien a preguntarme. Me le quedé viendo con cara de “de qué mamadas me estás hablando,  pinche chismoso”, porque nadie había tenido un problema que involucrara sexo.

Jessica y La Chinos tenían unos amigos que nunca comprendí porqué eran sus amigos si las ridiculizaban y desde el primer día me dieron mala espina. Jessica estaba muy contenta, empezó a trabajar como edecan en algún lado donde se hacían fiestas. Siempre me invitaba y nunca fui.

Un día, durante la primera clase se me hizo RARISIMO que no hubiera sabido nada de ella,  y que no estuviera en clase.  Decidí que al terminar esta clase me pondría a buscarla. No hizo falta, estaba tirada en el suelo fuera del salón de clases.  Estaba muy pálida e ida.

Le ofrecí llevarla a servicios médicos,  llamar a su casa… Y llegó Carlos.  Ella dijo estar mejor y le rogué a él,  con todo el dolor de mi corazón,  que nos dejara a solas. Y el accedió no sin hacerme jurar,  siempre con su adorable sonrisa, que le diría todo.

Cuando se fue,  Jessica me contó toda la verdad.  Había ido a la fiesta que me había comentado, se sintió muy mareada y no supo como llegó a su casa. Su mamá la revisó y supo que la habían violado, y que había sido el mismo maldito cabrón que estaba en las jardineras. sentí la rabia subirme por la sangre, tienes que denunciar, le dije, pero ella ya había determinado callar. Le hice ver que ella no tenía ni la culpa de nada de lo que pasó,  que ella tenia derecho a declarar y que ese maldito muy seguramente se lo haría a alguien más.  Ya la tenia convencida de ir las dos cuando empezó la clase, pero ya al salir ella se echó atrás.  No la culpo por querer dejarlo atrás. Y luego todo, terminamos la escuela y me fui a la Facultad de Políticas, Esther a estudiar biología y él medicina.  Nunca volví a saber nada de él.  Quizá se casó,  quizá fue papá.  Espero solo lo mejor para el.

Casi no recuerdo el sueño que tuve esta mañana.  Solo que él estaba conmigo, y sonreía.

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