Depresión Tropical

Soy, de un país tropical, lo bendijo el Señor. Y bonito por naturaleza. Sol impío al mediodía, monzón en las tardes. Por lo cual no es raro que, después de estar un rato bajo el rayo del sol, y al mojarme sin pretendérmelo, ya estuviera con un persistente dolor de garganta.

Empezó con un dolor tenue, en el oído, que sentía al pasar saliva y agua. Y después, el dolor no se iba, era cuestión de esperar dar otro trago. El té chai que me ayudaba malamente me hacía sudar, el té chai con leche tiene este sabor extraño y agradable, como de un arroz con leche especiado.

Llego a casa y como por mecánica, empiezo a escribir sobre todo y nada, sin detener demasiado mi atención en ninguna cosa… hasta que aparece él. Qué extraño descubrir que no es quien te roba el corazón, sino el que te lo devuelve, ni quien te mueve el piso sino quien te centra.

Recuerdo cómo es vivir con un hombre, despertarse juntos, quizá esperarle por las tardes, comentar sus días, dormir juntos abrazados bajo las sábanas ardientes… y esa manera de despertarme que a veces tenía y siempre le agradeceré.

Tiene tanta suerte el cabrón de que aún lo quiera tanto, como para que encima, piense en él, joder.

 

 

 

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