Brujas Otra Vez

Ibamos en uno de esos tranvías que en los pueblos ya quedaron para ilustrar los medios de transporte de antaño y para hacer a los turistas guiadas, cuando nos comentaban que en el Cerro Fulano se aparece el Anima de no sé quien, que en la entrada de la Hacienda  como una mujer colgada, cuando recordé lo que me había dicho Mengano sobre su familia que vive en un pueblo allá olvidado de dios, donde por supuesto no hay drenaje ni agua entubada ni luz ni nada. Decía que la hija menor de la casa vio en el centro de la casa “como el moco de un guajolote” y se lo dijo a su mamá.

La madre salió, trayendo con ella un guajolote negro y gordo, y un palo y con él le empezó a dar una paliza al guajolote. Plumas negras salín volando, pero el animal logró escaparse.

Al rato regresa la madre y le dice a sus hijas: ¿Quieren ver qué era esa cosa que estaba en la casa?

Donde habían caído las plumas había cabellos negros, largos, de mujer.

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