Réquiem para Ministro

domestic-cat-183792_640
No es una foto de Ministro, pues al no quedarme yo con ninguna, busque uno que se le pareciera

Todos los días, para regresar de la escuela secundaria, tenía que cruzar el largo camellón que aún está en avenida de las Torres, allá por Lindavista. Había como un pequeño nicho abandonado, donde creo el propósito  frustrado era poner una virgen, (porque en esto de mear los mexicanos son como los perros, si un tendero o un vecino tiene una esquina o un seto, y no quiere que los borrachos  lo meen,  pone una virgen a una altura convenientemente baja), vayan a saber, pero estaba hecho un basurero.

Una mañana, amaneció un gatito huérfano, bebé, pero con la dentadura completa, muy bonito .  Lo abandonaron en su cajita, toda mojada. Sentí lástima por el desgraciado animalito, pero temiendo el conocido carácter fuerte de mi padre, juntaba el dinero que me daban para gastar y me las arreglaba para llevarle algo todos los días: unos rollitos de jamón, lechita, unas salchichas, una latita de atún, croquetas… y así. Le dije a mi hermano, que entonces tendría unos 8 años. Todos los días íbamos a ver cómo había amanecido el gatito.

Un día que mi padre no fue a trabajar (era feriado o algo), le pedí permiso a mi mamá para ver al gatito- ¿Cuál gatito?- dijo mi padre,-Es que hay un gatito que lo tiraron en el nicho de enfrente, Dulce y Carlos le llevan de comer casi todos los días, le contestó ella. Nadie sabe dónde estuvo el diablo, o ángel, que le hizo decir a él: Pues a ver, tráiganlo!

No había terminado de decirlo, cuando mi hermano y yo de milagro no nos partimos la cabeza al bajar las escaleras a empellones. Nervioso, como todo gato, corrió a  esconderse cuatro horas tras el único enser doméstico que ronroneaba; el refrigerador, antes de tocar la comida y agua que pusimos para él. Se apepenchó, se volvío el gato de la familia.

Con el tiempo, cambió el pelaje y  se vistió del riguroso luto que llevaría toda la vida, negro con manchitas blancas en el pechito y las manitas. Parecía que llevaba frac, y guantitos, y lo hacía con tanta elegancia que terminó por merecer el nombre de Ministro, siempre tan discreto y gatuno, y tuvo una vida extraordinariamente larga, de unos dieciséis años.

Una vez, sorprendió a mi tía Leti que decidió inopinadamente echarse una siestecita en la cama de mamá. Cuando respiró, sintió un peso en el pecho, cuando se movió, una lamida en la nariz, cuando abrió los ojos, el gato estaba sobre ella, mirándola con sus enormes ojos de ámbar, el mismísimo tímido è indolente gato que se escondía de las visitas, estaba frente a ella y salió disparado.

Dicen, ya que para entonces yo había dejado el hogar paternal para tener una familia propia, que la madrugada que murió, fue a despedirse, uno por uno, de los habitantes de la casa, olfateándolos, y que varios familiares, lo vieron incluso en sueños. Fue incinerado como cualquier miembro de la familia, y sus cenizas aún se conservan. Con este relato creo honrar la memoria del primer, y último gato de la casa.

Coméntale, es gratis

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s