Como Agua Para Cachalote

Acostumbrarse a las ausencias, despertar otro día. El cuerpo del hombre es pesado, y básicamente es pesado porque una se acostumbra al peso, a sentir ese otro cuerpo por las mañanas. Llega el dia que se vuelve tan pesado el propio cuerpo que es imposible levantarse. No sólo porque una se acostumbra a hacer el amor en las noches y en las mañanas, sino porque aunque no estés haciendo nada, el otro cuerpo está ahí, en trance o en coma, es cálido, es agradable, se siente esa presencia, ese peso aún con los ojos cerrados y la sola idea de levantarse es insoportable.

Levantarte, ponerte el pantalón deslavado, arrastrar tu cuerpo penosamente hasta la cocina para tomar el café de rigor y recoger los escombros para ir construyendo desde abajo, el laberinto que  era tu vida. Duke Ellington se desgrana como quien no quiere la cosa, como río de seda, que cae y no acaba de caer, una luz tímida no se decide a entrar por la ventana, entra al fin, de lleno, me golpea la cara.

Mirar el reloj y comprobar que se está haciendo tarde, apenas desayunas leche y dos tostadas francesas y salir corriendo a una chamba donde pagas con tiempo, el dinero que usas para vivir. Salir y comprobar que se te está yendo la vida como arena entre los dedos.

Salir y pedir una cerveza fría, tan fría como el corazón de tu ex, tan fría como agua para cachalote.

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