Nombrando lo que No Se Puede Nombrar

Leyendo uno de esos post “indignadísimos” porque supuestamente no “entienden” (yo digo que no quieren entender) la necesidad de que haya una palabra como “feminicidio”, habiendo la palabra “asesinato”.

Le explicaba yo muy pacientemente que las dos palabras connotan algo completamente distinto y “femicidio” o “feminicidio” algo muy concreto;  (es un asesinato de odio por el simple hecho de ser mujer o por razones derivadas de esta). Pero me llevó  a pensar, irremediablemente, si estos seres que no quieren entender la necesidad de tal vocablo,  lo percibirán quizá como una “situación inequitativa”, ” de discriminación hacia el hombre”, o peor aún, de ésas en que “las mujeres nos victimizamos” (sic).

Concluí que la gravedad de una situación, que se ha hecho presente de manera muy cruenta, y creo, no tiene parangón entre los hombres (exceptuando por supuesto, los terribles crímenes de odio hacia la comunidad homosexual), porque parte de una sociedad donde ser hombre y ser viril es un valor “positivo o deseable”, pero ser “femenino” y por tanto, “débil, dependiente, sensible… etc” es algo feo, pero de esperar, en las mujeres… pero en un hombre, es excecrable!! Hay castigo por ser mujer, y por ser hombre sólo si uno no  se “comporta como tal” (?), decía yo, que se ha hecho presente ha creado entonces la necesidad de tal palabra, no se puede ir contra ella porque el proceso lingüistico es algo democrático, crea, desentierra palabras, toma préstamos de otras y también rezaga las que por alguna razón se vuelven arcaicas (pero que puede recurrir a ellas en otro momento porque ahí está la idea de lo que se necesita decir)

No querer la palabra femicidio (como tantas otras), desprestigiarla, omitirla, por tanto no es síntoma de empatía y de visibilizar el problema, más bien de lo contrario.

Y esto se puede reflejar en otros campos de la lingüstica: el náhuatl tiene una palabra para la polidactilia o hiperdactilia (chicuace), lo que nos lleva a pensar que en el México Antiguo era algo más bien recurrente, muestra está que hay una palabra para connotarla. En náhuatl también hay una palabra para “dedos de las manos” y otra para “dedos de los pies”, como en el inglés.

Lo contrario ocurre cuando se quiere olvidar algo,  parecido a la superstición judía de pronunciar el tetragrammáton, por prohibición divina; Jehová advirtió como mandamiento “no tomar su nombre en vano”, y los hebreos determinaron que era imposible decir cuando era o no lícito pronunciarlo, por lo que dejaron de hacerlo. Otra prohibición célebre también está en la Biblia, y generó la leyenda urbana de las Catholic Girls, de que virginidad sólo hay una y es femenina, y se reduce a una membrana. Ya que la religión exige a las mujeres (a los hombres no), llegar vírgenes al matrimonio, pero al mismo tiempo omitir la mención a un pecado aún mayor y más ambiguo, al que se refieren como “sodomía”. Al no mencionarlo, cae involuntariamente en el galimatías de demeritarlo como pecado, ergo, es lícito tener sexo premarital si es vía anal.

También hay otras “deficiencias” del lenguaje, por ejemplo, hay una palabra para el hijo que ha perdido a sus padres (huérfano), pero no una para el padre que ha perdido a sus hijos, porque tal cosa “no tiene nombre”, es inconcebible y creo que en el inglés es igual.

Creo que ahí está la diferencia entre lo nombrable, lo que no se puede o quiere nombrar, y lo innombrable.

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