Palas Atenea

Cuando era niña era muy fan de la mitología griega, mi favorita era Palas Atenea, por haber nacido adulta, completamente armada, y de la cabeza (no del esternón) de su padre . De su lechuza y de su yelmo.

Ya más grandecita (unos ocho años), me di cuenta que algo no andaba bien; Atenea era MUY tonta (a falta de un mejor adjetivo) para ser “diosa de la sabiduría”; se dejó engañar por la manzana de Eris (la Discordia), lo que dio lugar a la guerra de Troya, competía con otras diosas (Afrodita y Hera) en certámenes de belleza, mandó a Perseo a matar a otra mujer (Medusa); misógina e inflexible, “castigaba” a otras mujeres, cuando eran violadas para saciar los apetitos sexuales de los dioses, y en obediencia a su padre, ” se mantenía virgen”…. (¿acaso Zeus alguna vez, por su “respetabilidad”, o por honrar su unión con Hera, ya no digamos por amor  se contuvo de cogerse a quien se le antojó, dios o mortal, hombre o mujer?) Al parecer la virginidad sólo es una virtud en la mujer, que el hombre debe quitarse de encima cuanto antes.

Quiero decir, no parece una figura nacida de una mentalidad femenina, más bien parece el crisol de varias ideas machistas (dejar de ser maestra o aliada de otras mujeres, olvidar toda sabiduría para verlas exclusivamente como competidoras en certámenes de aceptación masculina, que son, valga la redundancia, sólo de belleza, (nunca sobre disertación filosófica o de tiro con arco, digamos), reprimir a las víctimas de violencia sexual y justificar a los dioses, por ser dioses (pero fundamentalmente varones) con debilidades muy humanas, y sin embargo, ella se mantiene “casta”, pues es una exigencia para la santidad femenina (en los dioses varones nunca lo es).

Y por armada que estuviera, siempre terminaba delegando en otros (hombres), sus tareas. No, algo andaba definitivamente MAL. No, una diosa de lo femenino tenía que ser, por fuerza,  algo diametralmente opuesto, algo que no buscara ciegamente la aprobación de lo masculino, algo que no pareciese la extensión femenina de Zeus.

Entonces vino Eris. el caos, la discordia, fue mi favorita. Porque el no coincidir es la primer rebeldía, disentir es el primer derecho, y la desobediencia, un deber. Eris, a quien todo le importa lo mismo porque sólo quiere ver el mundo arder. Luego una va creciendo y se da cuenta de que, mientras más escarba una en las religiones primigenias, más dispar es el concepto de la diosa mujer, más lejano del binomio virgen-madre (sí, también tiene esos aspectos, pero no únicamente), es maestra, profeta, guardiana de secretos de la naturaleza y sus ciclos, sangra sin morir, ayuda a otras a parir, se renueva con cada luna, tiene vagina dentada, puede petrificar al hombre. Con una mirada.

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