Calipigea

De tantas cosas que me han llamado (culona, nalgona, “buen cabús”, ad infinitum), él tenía un nombre para llamarme: Calipigea, y yo,  que había leído aquella palabra en obras tan oscuras como para que cualquier otro coetáneo las conociera, y volteé, mitad sorprendida, mitad halagada, para mirarlo con mi sonrisa más feliz y un poco idiota; y fue tanta su originalidad y su desparpajo, que reímos ambos,  contenta de conocer esa palabra lo suficiente como para sentirme halagada, contenta de saber que él conocía esa palabra, y contenta de que él supiera que yo conozco esa palabra, desde entonces  nos unió esa feliz complicidad.x-art alt-porn porno sexy erostism photo arte mulher linda perfeita fotografia erotic beauty nature (48)

Y es que no nos enseñan a reaccionar cuando un hombre nos dice “Eres verdaderamente calipigea”, cuando dice que nuestras nalgas son tan divinas que recuerdan a las de Venus, como en cambio sí estamos acostumbradas al insulto grosero de “Con esas nalgas, lléname la boca de pedos”.

Le gustaba verme con el pantalón de pana entallado, con los leggins hipnóticos, con los shortcitos que dejaban ver los dos hoyuelos arribita. Le gustaba frotarse contra ellas hasta hacerme sentir su erección, su otro latido, el hervor de su sangre.

 

 

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One thought on “Calipigea

  1. Todo se reduce a algo bien simple: Cultura general. El que no tiene el vocabulario nutrido más no florido, no sabra que palabra usar exactamente.

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