La Excepción de la Regla

Hoy mi periodo llegó, desde luego, tarde como siempre. Jamás ha llegado en la fecha en que tiene que llegar, siempre llega varios días después. O semanas. Son las ganas de comer chamoy como loca y de escuchar canciones de Britney Spears la que lo delatan.

Siempre ha sido así, siempre. Empezando por la primera vez, que yo ya ni la esperaba y para entonces, supuesto TODAS mis amigas ya la tenían, el hecho de tenerlas las hermanaba, las hacía cómplices de un rito iniciático prohibido para mí. Era terrible la forma en que pasé la secundaria,  condenada al ostracismo total, cómo te siguen considerando “una niña”, como  una hemorragia de pronto, te hiciera una mujer de mucho pinche mundo,  las muy sangronas, que se sentían además, con derecho a maquillarse y usar minifaldas cortititas, mientras yo no podía salír del país de las hadas. Pero bueno, me tomó años darme cuenta que las que estaban mal eran ellas. Pero fue una agonía. No fue como Carrie, porque yo ya sabía lo que esperar, no porque hubieran tocado el tema en casa, sino porque no me vigilaban las lecturas.

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A los doce años, cargaba unas toallas para todos lados, esperanzada. Las mostraba yo muy pinche orgullosa. Todo ese año. A los trece dejé de cargarla. A los catorce empecé a sospechar que algo andaba mal conmigo. A los quince me resigné. Y un año después, con tantísimo retraso,  dije, oh, ahí estás, hubieras llegado a los once, que es cuando te esperaba, o no hubieras llegado nunca. Para entonces ya iba en preparatoria y menstruar era muy mainstrim. Súper mainstrim. Detesté mi periodo. Me tomó otros quince años hacer las paces con él, así de rencorosa soy.

Pero bueno, lo que yo quería decir, es que, al final, nuestro periodo, nos guste o no, nos determina. A veces pienso que es un error de la naturaleza que algunas chicas empiecen TAN jóvenes (y tengamos niñas de 7 u 8 años… ! embarazadas!) Una cosa así no puede ser consensual, es claramente una violación socialmente aceptada. Porque en muchas sociedades es aceptable que se casen a esa edad, (con hombres que les quintuplican la edad, ¡por supuesto!), y las niñas mueren en la desfloración. O después, con la criatura atravesada.

Y al mismo tiempo que refuerza el “papel de la mujer en la casa”, le impide el desarrollarse biológica, intelectual, espiritualmente. No deberíamos menstruar hasta los veinticinco o treinta años, cuando una mujer está muchísimo mejor preparada. Quizá la sexualidad sería diferente, quizá la sexualidad contemplaría que también es placentera para las mujeres  (como los árabes sabían hace miles de años y no obligaban a sus mujeres a vestirse con sábanas, a resguardo de la “lujuria” de otros hombres).

Quizá la concepción sexual sería más incluyente, no sucia, no originada del pecado. Recuerdo un libro (creo que es Las Metamorfosis, de Ovidio), donde el Hera y Zeus discurren sobre cuál de los sexos experimenta mayor goce sexual, para lo cual mandan llamar a Tiresias, quien experimentó el acoplamiento bajo los dos sexos, pues pasó siete años como mujer, al término de los cuales, volvió a ser hombre, y que finalmente, concedió razón a Zeus, y la furiosa Hera, en castigo, lo dejó ciego. ¿Es el mito una idea preconcebida? ¿Si Tiresias hubiera nacido mujer, y hubiera vivido siete años como hombre, hubiera cambiado de parecer?

Tenemos otro mito, que púdicamente lo omite la Biblia, pero que lo encontramos en la tradición hebrea . Es el de la primera esposa de Adán, Lilith, la que no quería coger de a perrito porque, al haber sido creada no de su costilla, sino igual a su marido, siempre quería estar arriba. Fue castigada y la madre de todos los demonios.

Por si fuera poco, ahora tenemos que lidiar con una tercera opinión, no instaurada mediante la religión, sino de la mercadotecnia. En los comerciales de toallas y tampones, el flujo siempre es azuloso o verde, jamás rojo. ¿Será que el color rojo lo hace ver “sucio”?

Ahora no sólo venden toallas y tampones de un solo uso (y que facilitan enormemente la recompra, que usan blanqueadores muy fuertes, que contaminan y que no son biodegradables), sino toda una gama de “productos de higiene” ¿Es que no saben que la vagina es naturalmente limpia y genera sus propias secreciones y mucosas, que es mucho más limpia que la boca humana?

Por supuesto que no, pero hacernos pensar que nuestro cuerpo es sucio, es una idea muy lucrativa.

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