(im) puntualidad mexicana

De todos los defectos habidos y por haber, creo estoy convencida de que la impuntualidad es el peor.

La detesto, como al sarro dental, como a los impuestos, como a una patada en los…

Porque, si te cito y no llegas a la hora antes acordaste,  Lo más probable es que  no te vuelva a tomar en serio, jamás.

Para mi mala suerte, nací en México, donde la impuntualidad alcanza ya una fama  proverbial, al punto de ser conocida internacionalmente.  Ganada a pulso, debo decir.

Quizá la detesto porque es una de las características que insistentemente veo en mí; pero que prefiero evitar, tomando mis precauciones y no haciendo esperar a la gente, cuidando su tiempo como si fuera el mío. Si hay algo por encima de la informalidad, es esperar.

DALI

Sin embargo, nuestra  curiosa predisposición a la impuntualidad data de tiempos prehispánicos. Glifos dan fe de que a  Moctezuma  le llegaba (tarde, como siempre) su pescado, dizque sacado “ese mismo día” de Veracruz  y enviado por los painani, esos maratonistas que dejarían  a cualquier  rarámuri chiflando en la loma, si suponemos que corrían a 32 km/h en terreno escarpado y en la más completa oscuridad de la noche para que el monarca recibiera su pescado fresquecito en el desayuno.

También tenemos  al cura Hidalgo, al que se le cocían las habas  para su Independencia, se le cayó el cabrón teatrito y tuvo que hacer su revueltita más a fuerzas que por ganas.

PESCADO

Otros impuntuales célebres son Maximiliano de Habsburgo, El Pípila, Álvaro Obregón, Pancho Villa, Pancho Madero y Leona Vicario,  esta última, perseguida por los conservadores, se le adelantó el parto y dió a luz en una cueva. Porfirio Díaz, no, él sí le aprendió a los franceses para tomar el Ypiranga a tiempo y morir en La France comme-il-faut.

Así que tenemos un pasado triste y lleno de contrariedades. Pero total, a mí me jode doblemente el que me hagan esperar  porque 1) La persona en cuestión no toma las debidas precauciones para llegar a la hora acordada, en otras palabras, se  desdice (sobre todo si es la parte interesada) 2) Es una arrogancia insoportable el que esa persona no tenga la misma consideración para con mi tiempo. Mi tiempo es invaluable.

También hay un efecto único en México y es la forma en que transcurre el tiempo; algunos pueblos, gastan o pierden el tiempo, pero el mexicano “hace el tiempo”, según ritos milenarios de una exactitud mística. Y eso nos lleva a la siguiente pregunta:

¿Para usted, qué es llegar tarde? ¿Llegar dos, una hora después? Para mí, es llegar diez minutos después de lo acordado. Quince ya es grosería. Es más, si estamos citados, y vas quince minutos tarde, mejor ni te presentes. De ahí s el curioso sentido del tiempo mexicano : si tu boda es a las cinco, invítalos a las cuatro, porque si no, van a llegar a las seis.

Todo buen mexicano, sabe que siempre hay contratiempos, por tanto, se considera que está permitido llegar tarde (?). Muchos informales prefieren pedir disculpas a llegar temprano.  Si éste es su caso, por favor, que no sea el tráfico. Es mejor ser impuntual a estar esperando, parece ser el lema del mexicano.

También hay otra regla implícita : a los compromisos de negocios, la parte interesada debe llegar puntual, aunque, (arbitrariedad de arbitrariedades), la parte no interesada la haga esperar.

Corolario: Los burócratas y políticos SIEMPRE LLEGAN TARDE, porque si no, da la impresión de no tener nada que hacer, y  tienen la excusa de estar trabajando por el país.

Hay quien le echa la culpa al metro que hizo prolongadas pausas, a la manifestación que había en Reforma, a su chingada madre… para mí, para llegar tarde se necesitan dos: Uno que llegue tarde, y otro que se deje, o más bien, que se apendeje.

Tomemos el ejemplo reciente de cierto estólido a quien,  por motivos de trabajo debía ver un día entre semana, por la tarde.

-Entonces a las cuatro-

-Muy bien.- le contesté yo

– De cuatro a cuatro y media.- Puntualizó.

¿De dónde chingados saca este pasmarote, este pedazo de bolonio, que tengo media hora de mi valiosísimo tiempo, para desperdiciarlo esperándolo?¿Quién chingados se cree? ¿Charles Dera, Johnny Sins?

– A ver, papacito- cuando le digo “papacito” a un hombre, significa que está llegando a los límites de mi paciencia- ¿Dijiste a las cuatro, o cuatro y media? A mí no me digas a las cuatro y llegas diez o quince o veinte después, a mí dime una hora o mejor ni llegues.

Silencio.

-Bueno, a las cuatro y media entonces.

Y ahí estuvo. En punto.

¿Ven como no es tan pinche difícil?

* Toda vez que, ,un rápido cálculo nos permite saber que la distancia del puerto a la Gran Tenochtitlán es de  323 kilómetros (una recta imaginaria), sin sortear montañas, o abismos, terreno escarpado, quizá semidesértico, el calzado de la época, etcétera. Aunque corrieran a  32 kilómetros por hora, lo más probable es que  tuviera  un máximo de 22,5, llegaríamos a la conclusión de que se habrían necesitado 810 esclavos para trasladar el pescado en aproximadamente 14 horas y 38 minutos, saliendo a las cinco de la tarde del día anterior y haciendo la mayor parte del  recorrido en medio de la noche.

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