Finis Africae

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?

El mito del eterno retorno viene a decir, per negatio-nem, que una vida que desaparece de unavez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que nocambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros”

-Milan Kundera

En alguna ocasión comenté mi singular emputación porque la historia moderna omite, en gran medida, los aportes a la cultura por parte de África. Se huye de la negritud como de la lepra.

Si en alguna ocasión tuvieron la oportunidad de leer ese laberinto filosófico-novela de espionaje y deliciosa revisión medieval que es El Nombre de la Rosa, encontrarán que tal disposición no es nueva, (cuando en monje Jorge de Burgos comenta con desdén las adivinanzas contenidas en el Finis Africae, un área de la biblioteca reservada  a libros que no deben leerse).

negritud

 

En nuestros tiempos podemos constatar que tal postura es la que ha perseverado, pues incluso en los libros de texto se omite nuestra herencia africana. Apenas aparecen como ganado por parte de los negreros portugueses y españoles. Y es que la “cultura occidental”, si tan cosa existe, es sumamente eurocentrista.

Los seguidores de la teoría del superhombre (mal entendida como una eugenesia que busca su paradigma:  el hombre ario), se dieron un gran tope cuando se comprobó que los primeros hombres, efectivamente, eran africanos.

También hay una gran omisión hacia su lengua (ahora se confirma lo que muchos ya temían,  que el idioma más antiguo de Europa, el euskera, es africano),  literatura, su teatro y demás expresiones humanas. De la civilización (exceptuando Egipto) podemos decir lo mismo.

Qué tanto sabríamos si no se hubiera perdido el verdadero Faro, la Biblioteca de Alejandría, para todo y para siempre. Tendríamos el  estudio de las cónicas de Hypatia, incluso (si existió), el libro dedicado la Comedia de Aristóteles, (sobre el cual gira el libro primeramente mencionado en esta nota) entre muchísimos otros textos no menos importantes.

El origen de la más temida de las gorgonas, Medusa, se  remonta a los tiempos de una bellísima mujer africana, cuyos cabellos enroscados recordaban  a las sierpes; Balkis, se omite del todo en La Biblia y El Corán identificándola únicamente como “La Reina de Saba”, si hemos tenido ecos de ella es por la historiografía de Etiopía.

In Africa mundus non autem,  incipit.*

*El mundo no acaba en Africa. Ahí comienza.

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