Soñé

Que estaba en un pueblo mágico, muy colonial, vestida como de china poblana y ni pa qué. Estaba en una especie de calesita, donde un pregonero daba santo y seña de las construcciones:

” ..Y como en este pueblo no hay policias la gente hace justicia por su propia mano, como los colgados que pueden ver en la Plaza central..”

En ese mismo instante pasamos por la plaza central y conté cinco ajusticiados, efectivamente, amoratados de un raro solferino y con la lengua de fuera. El pregonero, que chillaba como lacayo cantó sus delitos; este era ladrón, este asesino, etc. En ese momento pasaron a caballo unas personas que representaban algo así como La Ruta de Hidalgo, con pelucas y atuendos. Morelos era igualito al billete de 50 pesos, Allende muy joven, igualito a Moisés Arizmendi.

Hasta ese momento me percaté que no estaba sola, iba acompañada de un señor ya de edad, bastante guapo, y muy bien conservado, tipo güero de rancho,  de ojo azul y bigote muy bien cuidado, que para todo me decía con regio acento “Ire pa’llá, m’hija”, con justa razón, porque hubiera podido ser casi su nieta, pero la verdad, siempre lo supe, no sé cómo, éramos amantes. En un momento el decidió que ya habíamos visto suficiente, y me bajó de la calesa de un ágil salto, corrimos por los pasillos de un enorme tianguis colonial donde mercaban chichicuilotes vivos entre muchas otras cosas (aves vivas para engorda, semillas, frutas tropicales, artesanías), hasta que llegamos a un dormitorio y lo hacíamos ahí mismo.

II

Había pasado un rato, desnudos en la cama, cuando él me dice “Vístase, que van a venir unos licenciados”. Efectivamente, entraron unas cinco personas mal trajeadas, pero no me inmuté, me quedé exánime, sin que me molestara el hecho de que me vieran ahí desnuda. Le entregaron unos papeles, de su “esposa”, y el corrigió “ex-esposa”, y alcancé a leer “divorcio” y “violación”, que el firmó rápidamente con evidente incomodidad. El asunto no me incomodó ni un ápice, porque pensé “pss a mí nadie me trajo a fuerzas ni me obligó  a nada, lo que haya hecho antes me vale madre”. Se fueron tan rápido como llegaron.

Supuse que, estando chamaco se le antojó una niña, se la cogió, quizá lo obligaron a hace vida con ella (costumbres salvajes), y quizá, ya mayor, quiso desentenderse de todo y se divorció de ella.

No había terminado, cuando me dice “Métase al armario que van a venir unas personas” , lo que ahora me hace pensar, que en otras condiciones le hubiera dicho “métase usted”, pero por alguna razón obedecí, y por la rendija de la puerta ví que al salirse él entraba una sirvienta, negra, gorda y bastante fea, pero miró hacia el armario, y aunque fingió no verme, que recogía ropa , o fingió recogerla, pero salió y entró inmediatamente con otra mujer, de la misma edad de mi adorado, vestida con algo que en los años cincuenta debió ser muy elegante, le señaló el armario y las dos miraban hacia mí.

Al acercarse despacio, intentaron abrir la puerta y salté totalmente encuerada gritando “Boooo!!” dándoles un enorme susto . La cara que pusieron valió enormemente la pena.

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