Leyendas de Emparedados

No crea el inocente lector que con ésto nos referimos a leyendas de bocadillos entre dos panes. No, con emparedados nos referiremos a las personas que, vivas o muertas, fueron puestas en los muros de una construcción, que, como ustedes saben, era una tortura muy célebre en aquellos tiempos, sobre todo para personas a quien por su condición, no se castigaba con el mayor peso de la ley, como el caso  de la nobleza (Condesa Érzebet Báthory), o para monjas a quienes la cigüeña delató gachamente. (Y cuyos restos se han encontrado en excavaciones a antiguos templos)

Aunque esto pueda remitirnos a leyendas coloniales, es parte de la cultura popular mexicana  y a sus “leyendas urbanas”; que es de conocimiento de cualquier constructor, para que su construcción sea firme, resistente a temblores y otros siniestros,  y para que dure muchos años, el dejar un cuerpo (de un albañil, por ejemplo u otra persona) emparedado en ella y así entregar esta alma a Satanás.

Por muy pueril que suene la leyenda, es muy conocida y difundida en la Ciudad, arguyendo que éste o quél (edificios públicos demasiado conocidos como para poner su nombre), tuvieron por mortero cuerpos humanos.

También, por esto, explican quienes sostienen esta teoría, es común que en estos inmuebles se vean fenómenos como apariciones y poltergeist (es decir, ruidos inexplicables, movimiento de objetos inanimados, materialización, olores extraños y ataques físicos, etcétera)

 

 

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