Sobre lo mexicano

Para cuando ud., querido lector, lectora, estén leyendo esto, probablemente se esté levantando fumigado de un cruda de proporciones épicas, o ya se la haya curado con unos chilaquiles bien picosos o con hot cakes con mucha miel.

Pero la pregunta obligada por estas techas patrias de “noches mexicanas”, de “dar el grito” y todo eso sería… ¿porq ué celebrar la mexicaneidad? o más concretamente…. ¿qué es la mexicaneidad, en qué consiste? ¿En oír el informe presidencial año con año, en irle incondicionalmente a la Selección Nacional, aunque siempre pierda, en ponerse de pie al apenas oir uno el Himno Nacional, en no gustarle a uno el caviar, pero sí en cambio, los huanzontles?

Si le preguntamos al mexicano promedio, nos respondera, con esa tautología tan propia, que la mexicaneidad consiste en sentirse uno mexicano”; lo cual no responde, pero sí, en cambio prolonga la pregunta; ergo, ¿qué es “sentirse mexicano”, o si lo preferimos, ¿qué lo hace a uno mexicano? , o lo distingue de un inglés, de un francés, de un ruso?

Lo anterior porque si ser mexicano es la consecución ordinaria de todas esas acciones, aunque nací aquí, no me siento mexicana, porque ni veo el informe presidencial ni le voy a la Selección ni entono el Himno Nacional ni me siento más mexicana al comer huanzontles, pero tampoco me siento menos mexicana por comer caviar. Y si están pensando que soy una apátrida de mierda (y quizás lo sea), quizá primero deberían leer mis motivos. Ya veremos quién es el apátrida.

Empezamos por la cuestión de lo intrínsecamente mexicano; el mexicano promedio se enorgullece “de sus raíces” de su glorioso pasado azteca, maya, olmeca… pero casi siempre recuerda como una afrenta (o más bien, lo quiere olvidar), la conquista, la Colonia, la Catedral construida sobre el Templo Mayor, los guerreros masacrados brutalmente,las nativas violadas repetidamente por el blanco conquistador, de ahí el peor insulto que conoce el mexicano (dice  Octavio Paz en el Laberinto de la Soledad), es decir, “ser hijo de la chingada”, es decir, ser el producto de una violación.

Olvidamos, (o queremos olvidar) que también somos fruto de ese meztizaje, violento o no, que no tienen por ejemplo, los yanquis, al haber eliminado todo vestigio y mixtura con los pueblos que vivieron ahí antes de los colonos (sólo sobreviven unas pocas reservas de indios nativos) Como si no fuera también, digamos, signo de orgullo descender de esa otra sangre, la sangre que cruzó el mar en una epoca en que se creía que caerías por la borda de una tierra plana, o que duraba meses en altamar antes de avistar tierra firme, en no saber si volverías a ver el mundo como lo conocías, y sí, llegar a tierras vírgenes e incógnitas; que también nos transfirieron, junto con masacres y enfermedades venéreas, ganadería, también deportes que les gustaron mucho a los mexicanos, como la charrería, los toros, el futbol, y más profundamente, tecnología. Así es, nuestros conquistadores nos dieron todo ello.

Lo propio y lo ajeno, lo viejoy lo nuevo se hallan tan irreconociblemente fundidos en lo mexicano como los caballos en la charrería, como la nogada que resbala en un chile relleno, como carne de res en lugar de humana en un pozole. Así, convertimos nuestra cultura, pero también la compartimos.

Cuando le comentamos esto al mexicano promedio, éste palidece y quiere cambiar el tema: “También nos orgullecemos de “nuestras bellezas naturales, de nuestras playas bellísimas y paisajes naturales, de nuestros ilimitados recursos naturales” Ajá, aunque nuestras bellezas naturales se acercan peligrosamente al narcoterrorismo, un porcentaje groseramente alto no ni conocerá  nuestras playas de ensueño y los recursos naturales yacen en manos del extranjero y a doscientos años del grito de Dolores, seguimos padeciendo (rigoris extremis) los mismos problemas que padecía la sociedad Colonial (no hay educación, no hay servicios de salud medianamente, ni trabajos bien remunerados, etc), cuando otros países de Latinoamérica, con recursos iguales o menores (Cuba, Colombia, Brasil) ya los han hecho pasar a la historia (analfabetismo, narco, desigualdad social)…

Cuando le hacemos notar también esto al mexicano promedio, nuevamente se sale por la tangente y nos dice con un aplomo como para desarmar a Descartes “El mexicano no existe, el mexicano es, porque es el único pueblo que se mofa de todos los tabúes, la muerte incluida, porque se ríe de sí mismo y de sus problemas”. Pues sí,h ay en el mexicano un albur, un humor inherente a burlarse de sí mismo, una tendencia a olvidar la política con una tarde de futbol. No culpemos al mexicano por hacer esto, es que si no lo hiciera, estaría realmente frito.

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4 thoughts on “Sobre lo mexicano

  1. Como una catarsis -que espero logre el efecto secundario de concientizar a otros sobre la verdadera naturaleza del mexicano- me parece grata, aunque discrepo en muchas cosas. Seguir padeciendo los mismos problemas que en la epoca colonial es un tanto exagerado: primero porque vivimos nuevos problemas que no existian y segundo porque no son ni lejanamente de la misma magnitud. No se puede comparar el analfabetismo de la epoca colonial -un 95% aprox.- con el 9.5% actual (segun cifras oficiales).

    Ademas, ciertamente concuerdo con quien sabiamente lo dijo: “Es mejor encender una luz que maldecir la oscuridad”. Maldecimos diariamente la oscuridad… ¿Cuando vamos a intentar encender una luz? ¿O seguiremos esperando a que sea el gobierno el que la encienda? ¿Sirve de algo quejarse una y otra vez de lo mismo?.

    Yo estoy haciendo mi parte, aunque sepa que es un porcentaje microscopico y que nadie lo va a notar jamas. Pero yo si lo se, y eso por eso me satisface ser mexicano. ¿Y tu haces algo?

  2. @TwiterAdicto:
    Me es ajena tal verdadera naturaleza del mexicano. Quizá tú, podrías desvelarme algunas cosas, pero como te lo dije ya en twitter, hay una diferencia radical entre ser patriota y patriotero, aunque muchísima gente no entiende esa diferencia, las usa incorrectamente, las confunde…

    Quizá te parezca exagerado el símil que hice de los mismos problemas, pero ¿sabías tú que solo el 20% de los hogares mexicanos tiene conexión a internet ( el no acceso a la tecnología tambien es una forma de analfabetismo), cuando en otros países es del 50% o del 70% ? Ciertamente, como dices, las cosas han cambiado, pero el grueso de la población sigue sin tener acceso a la información.

    Como bien indicó la mtra. Asunción Mtz Román, (Universidad de Alicante) , la pobreza y la exclusión social, son también, formas de violencia.

    Tienes razón sobre el símil de la luz y oscuridad (comparación que se ha hecho tristemente célebre en comerciales de Televisa), pero también admite que el primer paso para resolver un problema, es reconocerlo. No es la cura, pero sí un comienzo; como dice por ahí Isaac Asimov, negar un hecho es lo más fácil del mundo, pero el hecho sigue siendo un hecho.

    Yo también pongo mi diario e imperceptible grano de arena, manteniéndome informada, compartiendo opiniones, haciendo retroalimentación, sensibilizando a las personas, lo cual ya es mucho decir en comparación al mexicano promedio, pero me doy cuenta que falta mucho más que eso y no sólo buenas intenciones.

    Saludos

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