Invictus

Al ver el afiche en la sala electrónica del cine dije: “Que hueva, una película sobre futbol”. Entonces Yamel me sacó de mi error: “No, es la última de Clint Eastwood, y está buenísima, debes verla”. Conocemos de antemano la historia de Eastwood el actor de 79 años (de los cuales lleva 53 actuando),  de Clint el director que  ha ganado cuatro oscares, (dos como director y dos por Mejor Película), o simplemente, de Clint el autor de cine de culto (Gran Torino, Mystic River, Million Dollar Baby, Letters from Iwo Jima y Changeling), y que se ha convertido en un gran (¿cómo dicen los gringos?) storyteller, un gran narrador, fiel cronista de su país y de su época, de sus vicios y defectos, no carente de emoción, pero que en ningún momento subestima la inteligencia de su auditorio.

En esta ocasión, le toca dirigir a un impresionante Morgan Freeman que encarna a un Nelson Mandela (que, incluso, se parece más a Mandela que el propio Mandela…) en todo tiempo sereno y meditabundo, y a un Matt Damon de una madurez que impone, utilizando ambos una pasión nacional (el rugby), para inducir a su pueblo al encuentro y la reconciliación tan necesarios en los ‘90 sudafricanos. (y dejar la mesa puesta p’al mundial).

Lejos de ser estereotipada, “Invictus” cuenta con veracidad y  solidez un episodio que marcó la historia de Mandela como político y que, probablemente, colaboró en gran manera a permitir la convivencia en un país tan duramente marcado por la tragedia:al ganar  las elecciones, (tras haber pasado 27 años en la cárcel por  su lucha contra el apartheid), se encontró con un país dividido por el color de la piel y por el odio que se profesaban las dos partes de la población.

Carlin narra en su libro un hecho que permitió a Mandela unir las separadas voluntades de negros y blancos: La Copa del Mundo de rugby que se debía jugar en Sudáfrica en 1995.Tal es el episodio que Eastwood narra con pulso firme, sin decaer nunca y la necesaria emotividad; pero sin caer nunca en la lágrima fácil ni en la compasión innecesaria.No es, no obstante,  la mejor película de Eastwood, pero está bien narrada,  uno se queda contento después de verla y eso no es poco.

Clint Eastwood está cerca para postularse como uno de los grandes directores de principios de siglo. Okey, quizá James Cameron y demás tuvieron su gloria efímera con las películas más taquilleras de todos los tiempos (Avatar, Titanic), pero pagarán eso a un precio muy alto; el de ya tener un lugar en la historia de la cinematografía como un autor (ya no digamos de culto) referencial, sino como un artífice de meros churros palomeros que difícilmente aceptan una segunda lectura.

p.s. ¿He dicho ya que la cinta tiene una banda sonora que te cagas?

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