El Libro de las Ilusiones

Un avión que se desploma termina con la vida de la familia de David Zimmer, su esposa Helen y sus hijos Todd de siete y Marco, de cuatro.Tras medio año de estar instalado en el desasosiego, sin motivos para vivir, en la borderline del suicidio, sucede un imprevisto, un anuncio:

Aquí es cuando Hector Mann, (eficaz comediante de cine mudo) entra en su vida y le arranca la risa por primera vez en meses. Atrapado por su encanto personal, y tras un minucioso autoexamen, intenta recopilar las películas de la efímera carrera de un actor desconocido, que desapareció sin dejar rastro, al parecer,  tragado por la tierra. En  tiempo récord, como en un ejercicio de ascesis, escribe un libro, intitulado “El Silencioso Mundo de Hector Mann”, que edita la Universidad de Pensilvania. Cierto  día recibe una insólita carta de la presunta Sra de Mann, invitándolo a conocer al actor. Zimmer, desconfía, pide pruebas de su existencia.

Pero una noche, una misteriosa joven  lo encuentra, y encañonándolo con una pistola, lo obliga a acompañarlo, hasta que vemos cómo la vida de Hector Mann tiene influencia no sólo en todos los que le rodean y que durante todos estos años sabían de su paradero sino también y en la  vida de Zimmer, pues están llenas de extraños paralelismos.

Tal es la doble hilación de El Libro de las Ilusiones, libro que constantemete juega con las emociones del lector, pero fiel a su línea argumental, explora los recovecos que nos atan a la vida, que nos seducen a la muerte.

RSLG: Trilogía de Nueva York, Leviatán

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3 thoughts on “El Libro de las Ilusiones

  1. Me encanta la historia de Hector Mann, de su retiro del mundo y lo que hace en ese exilio. ¿En qué actor o actores del cine mudo estaría pensando Auster para formarlo?

    Me gustó el Libro de las Ilusiones, pero también fue donde decidí que no quería leer más cosas recientes de Auster. Hay mucho que conocer, y nuestro querido Paul no parece que quiera salir de sus obsesiones de siempre. En las que es genial, claro.

  2. @Nicolás: Yo creo que Mann tiene algo chaplinesco, algo de Valentino, quizás el destello de un Keaton, en fin, solo Dios y Auster lo saben…

    Gacho. Lo único malo es que me dieron unas insoportables ganas de chaquetarme allá por la página 197

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