Ostiones en su concha

Una tarde de febrero, tómela barbón,  que recibo un mensaje de Él. Decía así:

Qué onda, sabrosa. Como que ya es hora de ponerle mayonesa al camarón, no? ;)

Jijiji.Tan lindo él, lo amo mil.Y que le tecleo la respuesta (bien apretada yo, pero dándome a desear) :

Camarones? Aysh, pero ya sabes que a mí me gusta peladito y a la boca . . .

De seguro no va a apoder aguantarse las ganas de contestar. Y como a los tres minutos:

O mejor aún, mi reina, tú misma los pelas con tus deditos y tu boquita. Es más, te disparo los ostiones.

Juarsjuarsjuars. Yo estaba desatada  (I’m that slutty) y a punto de decirle que sí, pero con la condición de que se bajara por los chescos en super-chinga, cuando llega un megarreporte de chingomil páginas y entons ya no me pude juir de la oficina. Sólo pude hacer una llamada fiingiendo una consulta médica, llamando ejem a mi doctor de “cabecera” pa concretar una cita y ya.

Nos quedamos de ver en un restaurante que está por Hamburgo.Se tardaba horas en llegar, tons me fui a ver los libros. Estaba viendo una compilación chigonsísima de las mejores portadas de Batman de todos los tiempos, cuando me dan acaso el beso más cachondo de mi vida; abrazándome desde atrás, me restregó su respetable virilidad erguida en las nalgas, llenó sus manos en mis pechos, que suavemente comprimió, y sentí su vaho húmedo y caliente en la nuca:  algo se me escurrió entre las piernas, es mi cuerpo, que ya está preparado para él.

-Te veo en el baño en cinco minutos- le murmuré, ya húmeda.

El se rió con su risa de cascada, o más bien de tromba. No, me dice, te invité a comer. Sentados en la mesa, muy decentitos, (yo más bien decentona); el aperitivo fue un carpaccio di salmone, seguido de canelones de champiñón al formaggio parmaggiano, bien maridados con un vino ligero. No quiero pensar en lo que se gastó en el menú, estoy demasiado ocupada concentrándome en no mamársela debajo de la mesa . Pero discretamente se la acaricio al amparo del mantel, y es así como sé que me desea. Mucho . Me encanta este hombre; todo el día está bien pinche filoso, y cuando el mesero se da la vuelta, él se aferra a mi mano (que está sobre su tremendo paquete) y la sacude con fuerza y convicción:

-Peeeeero con confianza, mamacita . . .

No pos sí. Estoy viendo la pared color salmón. He leído que, sexualmente, los hombres son muy visuales. Estoy viendo la pared color salmón, porque en esta posición no lo puedo ver a él. Sólo siento la fricción del mete-saca, y lo siento ponerse más grueso y firme, lo escucho jadear, no soy religiosa pero Dios Mío, qué vergazos. Empiezo a montarlo con decisión, empiezo a empalarme en su estaca enhiesta. Qué rico ordeñarte a pepazos. Tengo el mejor asiento del estadio y sólo veo tu expresión extática de ver -ganar a tu equipo.El happy ending está muy próximo. Y mis rodillas ya no aguantarán mucho. La cama se cimbra antes de escuchar mi propio grito desgarrado. Pero él, nada, totalmente inamovible. Es el efecto-camarón. Cuando termina de correrse adentro, creampie,que le llaman,  sigue erecto, como si nada.

Minutos después de salir de ahi, salgo hecha otra. Nacida de un hombre. que me volteó al derecho y al revés, gritando de felicidad, con las piernas flojas, para que la chica de que una parejita que va pasando por ahí le diga con señas inaudibles a su galán:

Mira, esos dos de ahí, vienen de ponerle mayonesa al camarón . . .

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