Dress For Success

Me puse el vestido negro, sí, mi amor, ése que tanto te gusta, el  que me pediste no me pusiera en tu ausencia, porque delinea mi cuerpo, y al andar rítmicamente, se abre impúdicamente de la raja al centro del frente, dejando ver las ligas del portamedias. Me enfundé  unas medias ala de mosca que atoré en las grapas, me enjareté el saco y me fui corriendo.

Y salí, así, dress for success, a la calle, haciendo girar la tierra con cada taconeo de mis agujas. Me detuve, retadora,, d en la estación. No hizo falta que le hiciera la parada a la pesera, sólo me planté enfrente, con las piernas abiertas, y el vestido hizo el resto: un taxi frenó en seco y se paró justo frente a mí. Y es que, cómo saberlo ellos, iba vestida para matar, preparada para nuestro encuentro amoroso.

Ya en la recepción, dí el número de habitación y ahí estabas tú. Lo conocíamos desde el tiempo en que nos escapábamos de la escuela para darnos cita ahí; lo fuimos por necesidad; nos quedamos por el buen gusto. En el elevador extrañé tus sofocantes abrazos, en aquellos tiempos, cuando ya no podías esperar y nos íbamos desvistiendo en los pasillos. Aquellos forcejeos casi se habían convertido en un sustituto del acto amoroso, de no ser porque eran parte del foreplay nuestro de cada día.

En cuanto llegué, dejaste de mirar la película obscena que pasaban, (unos diez negros gangbangueando a una rubia de tetas exageradamente tuneadas), me sonreíste con los ojos y me abriste los brazos, me senté en tus piernas y sentí tu calor. Acariciaste mis muslos, metiendo la mano bajo el vestido. Yo iba commando, tus dedos estaban húmedos. Me llevaste cargando hasta el buró, abriste mis piernas, las pusiste en tus hombros. Siempre tuviste buen chasis y alto kilometraje. Y siempre tuve, como quiere Sabina, la lengua muy larga y la falda muy corta.

Nunca he comprendido porqué le dicen “hacer el amor”. La frase es incoherente, cursi. El amor no está hecho, el amor es, faltaba más. O para Cortázar, “No haremos el amor, él nos hará”, pensé mientras me penetrabas, como si fuera la última vez, como si la vida te fuera en ello, como si en lugar de a tu mujer, que jugando a un juego ates prohibido,  te follaras a una puta. Sí, exacto, mientras siento el bamboleo de tus pelotones contra mis nalgas y cada vena de tu verga erecta.”Al menos tú”-pensé-“jamás me diste indicios que fuera así, eran dulces violencias, eran guarradas tiernas, más que amarnos parecíamos debatirnos. Qué rico ordeñarte hasta la saciedad.

Eran, llanamente, lides amatorias, una sesión de sexo maratónico, tratando de hacer correr o exprimir completamente al contrario, sin dar ni recibir cuartel. Y otra vez. Y otra vez. Y jamás en el mismo lugar, ni en la cama. Tenía diecisiete y tú dieciocho, y estas acrobacias sexuales eran un juego de niños, los viejos tratados no tenían nada que enseñarte.

Y así hasta que lo hicimos en todos lados y en formas inverosímiles. Al salir a desayunar, la mañana siguiente, me dijiste:

-¿Y de negro porqué? ¿Vienes de un entierro?

Te cachetée en la calle y te reíste con ganas. No sólo no estoy enojada, sino radiante y lo sabes; es un día de logros.

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2 thoughts on “Dress For Success

  1. Muy Sensual el escrito…mucha vena crítica, realista, objetiva y sarcástica también, pero es una manera adecuada de poder expresar lo que muchas veces guardamos dentro porque a veces no sentimos total libertad por terminar de ‘decir todo’ justo en el momento adecuado….

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