Las Joyas de mi familia
27 Octubre 2009
El domingo pasado lo dediqué a hacer limpieza de mis joyeros. Lo digo sin falsa modestia. Porque me dijeron desde pequeña que “las damas siempre traen joyas”. A todo esto debo decir que, contrariamente a la creencia común, no soy muy fan de los ornamentos personales, ya sea porque tengo la firme convicción de que la riqueza, la verdadera riqueza está en otras partes, ya sea porque soy muy descuidada. Por ejemplo. siempre rompo (no intencionalmente, claro) las carátulas de mis relojes. Las pulseras no me duran y los aretes siempre se arreglan para perdérseme (y siempre se me pierde uno). Pero desde que trabajo en una oficina del gobierno, me dijeron “Por el amor de Dios, “ponte aretes!”
Hay otra poderosa razón : tengo manos de estómago, y a pesar de lo que dice el rancio adagio (unos pendientes regalados por un hombre son de buena suerte, pero más si no le das las gracias) o las lejanas creencias de que la hematita es buena para el flujo sanguíneo, el ámbar para la memoria y que los ópalos son malos, a menos que estén estrellados y demás blahblahblahs en las que no creo. Obvio que las personas que traen cuarzos y dicen No me lo agarres, que me pasas tus vibras! me caen inmediatamente bien gordas. No me gusta el cuarzo, a menos que sea rosa. O que esté en mi reloj. Tampoco me gustan las joyas grandes, presuntuosas, me parece un tanto de mal gusto, y una estupidez, como gritar, “miren, traigo 100,000 dólares en el dedo anular”.
Si tuviera tan sólo 100, 000 pesos en la mano, seguro preferiría gastarlos en libros… de preferencia en ediciones raras de libros viejos…

Pero como iba diciendo, estaba arreglando mis joyeros. Los vacié en la cama, los limpié, los sequé, y fui limpiando una a una mis pertenencias, ya pulidas y limpias. Otras requirieron que les pusiera pulidor (No me gusta el cristal dizque de Swarowsky : siempre he dicho que si te vas a poner piedras ponte unas de verdad, o de plano unas canicas y no esas mamadas) Me dí cuenta que tenía un joyero rojo, y aderezos rojos, y lo mismo con los demás, así que se me ocurrió hacer una composición.
Siento una particular preferencia por la plata (por encima del oro, salvo que sea blanco), también me gusta el ojo de tigre, el ojo de gato y la aguamarina. Por lo general, no soy muy quisquillosa, prefiero la originalidad del orfebre por encima del material, me gustan los ornamentos que tienen alguna relación con el mar (me gusta el tornasol del abulón, los matices del coral, la palidez de la madreperla, la espiral de los caracoles y el nácar de la concha). Me gustaba el carey hasta que supe que por él mataban a las tortugas, cuando tenía nueve años y jamás volví a comprar.También me fascinaban los aretes de pluma de pavo real, pero comprendí que era una crueldad. Para mi fortuna, me regalaron unos aretes de concha que tenían pintadas unas plumas. Es como traer la pluma del ave pero sin culpa.
Tengo collares de madera, de coral, !de frijol vaquita! , de semillas de esto y lo otro, y si vieran cómo me los han chuleado. Soy capaz de colgarme un molcajete si lo encuentro bonito. Aunque quizá, algún dia no muy lejano, me anime a traer un diamante.
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