Nuestra Señora de París
26 Octubre 2009
Cuando uno empieza a leer Nuestra Señora de París, de Hugo , una corre el riesgo de creer (amén de infinidad de versiones fílmicas que se han hecho de esa obra literaria, incluida la de Lon Chaney), que Quasimodo es el protagonista de la historia. Nada más erróneo.
Retrato fiel del París del siglo XV, la novela nos habla de cómo estaba organizada tanto la ciudad como la sociedad parisina de ese entonces. La cité, dividida en tres grandes barrios (arrondissement); el de la Universidad (mais oui! la Sorbonne), el de la Pláce de Gréve, por cientos de años puerto importante a orillas del Sena e importantísimo centro comercial y lugar de ejecuciones a condenados (también escenario de la decapitación de la madre de Jean Baptiste Grénouille en “El Perfume) y finalmente voilá, el de la catedral, propiamente Notre Dame.
Victor Hugo nos cuenta, con lujo de deliciosos detalles, cómo era el quehacer cotidiano en una de las urbes más grandes e importantes de la Europa medieval, las diversiones de la época, como escuchar las obras teatrales del personaje ficticio Pedro Gringoire, a quien acompañaremos a penetrar la Corte de los Milagros, refugio de malvivientes, truhanes y otros segregados sociales, en busca de su adorada Esmeralda. Porque la verdadera protagonista de la historia, es ella, la desventurada gitanilla quinceañera, un poco relegada al papel secundario por los guiones hollywoodescos.
Esmeralda, una hermosa zíngara que nada recuerda de sus orígenes ( fue bautizada así por los gitanos que la recogieron), vive de bailar en las calles de Paris, con su fiel cabrita Djalí, quien además hace trucos muy divertidos que hacen caer sobre su dueña la pesada carga de la brujería.
Esmeralda tiene, entre su multitud de enamorados, al dramaturgo Pedro Gringoire, al archidiácono Claude Frollo, al capitán Phoebus, y por supuesto, al informe Quasimodo. Por ello, Gringoire la persigue una noche entre las calles, cuando es a punto de ser raptada por el lujurioso Frollo y su secuaz Quasimodo, y salvada por el galante Phoebus. Logra penetrar en la Corte de los Milagros, donde por las noches, los tullidos, ciegos y mudos mendicantes de NotreDame recuperan “milagrosamente” sus facultades.
Clopin, jefe de todos los rufianes y protector de Esmeralda, lleva a Gringoire al patíbulo donde deberá cumplir la condena por haber hallado su escondite, (es decir, la muerte) no sin hantes de hacer un razonamiento de la sinrazón de lo más divertido, cuando aparece Esmeralda pidíendolo por esposo, ardid para salva su cabeza (era tradición de los gitanos, no dar muerte a un condenado si una mujer entre ellos lo pedía por marido). Aún así Gringoire trata de conquistar a su salvadora.
También hay que mencionar que aun cuando Hugo quiso poner en su heroína todas las cualidades de uan heroína del Romanticismo (lealtad, fidelidad a sus creencias, siendo bastante naïve e indefensa), las versiones que se han hecho después, sobre todo las últimas, la han cambiado radicalmente por las cualidades que se esperan de la mujer contemporánea (decidida, audaz, y si es necesario, irreverente)
El drama de Esmeralda es temer por su virtud (y por sus creencias, ya no poder encontrar, a sus familiares y orígenes), los de Grngoire y de Quasimodo es amar sin poder ser correspondido, y el drama de Frollo es haber dedicado una vida al saber y a la erudición, y sus votos a no amar a nadie más que a Dios, y conocer a Esmeralda y no poder poseerla.
RSLG: Otros libros de Victor Hugo, obras sobre el medievalismo.
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